La cr铆a, de cinco meses de edad, pone cari帽osamente su trompa sobre el cuerpo de la elefanta muerta. Preocupados por la salud de la cr铆a, que se negaba a abandonar a su madre, los veterinarios del parque tuvieron que inyectarle tranquilizantes antes de poder llevarla a un refugio de elefantes.


