#Ahora

7/recent/ticker-posts

Header Ads Widget

Masacrados en tregua

Carlos A. Lozano Guill茅n
El jueves 21 de mayo del presente a帽o fue un d铆a fat铆dico para la paz de Colombia. Antes del meridiano, en horas de la madrugada, sobre un campamento del Frente 29 de las FARC-EP en medio de la selva, en jurisdicci贸n de San Agust铆n, municipio de Guapi (Cauca), al suroccidente del pa铆s, con costa en el Oc茅ano Pac铆fico y ba帽ado por el r铆o Guapi, varios aviones Tucano de fabricaci贸n brasile帽a lanzaron toneladas de bombas que cayeron sobre la humanidad de los insurgentes, que dorm铆an desprevenidos en las condiciones del cese unilateral de fuegos decretado por la organizaci贸n guerrillera desde el 20 de diciembre del a帽o pasado.

En el campamento cundi贸 el dolor y la muerte. No hubo combate. Fue una masacre de hombres y mujeres inermes que estaban en tregua. Los restos despedazados de los 27 guerrilleros asesinados quedaron esparcidos en varios metros a la redonda por el efecto letal de las bombas militares. Un menor de edad qued贸 herido v铆ctima del demencial bombardeo. La operaci贸n fue bautizada como Marcel 19 y ha querido ser justificada con falsas historietas por los mandos militares, aunque algunos medios oficialistas la se帽alan como la necesaria respuesta a los hechos tr谩gicos en Buenos Aires (Cauca), cuando la guerrilla de las FARC-EP atac贸 a unidades de la Fuerza P煤blica que adelantaban acciones ofensivas contrainsurgentes.

Afectan a poblaci贸n civil

El Gobierno, los militares y la “gran prensa”, que celebran la masacre como “golpe contundente”, para nada registran los llamados efectos colaterales, denunciados por la comunidad. Debido a los bombardeos y a los ametrallamientos indiscriminados, que se prolongaron durante los d铆as 21, 22 y 23 de mayo, creando miedo y zozobra en los territorios ancestrales de los Consejos Comunitarios de Alto Guapi y Bajo Guapi, veredas San Agust铆n, La Junta, San Vicente, El Rosario, El Naranjo y Temuey, hay 352 personas desplazadas, entre ellas numerosas mujeres, menores de edad y ancianos. La mayor铆a procede de las veredas San Agust铆n, Las Juntas y Balsitas.
El presidente Juan Manuel Santos present贸, acompa帽ado por el ministro de Defensa saliente, Juan Carlos Pinz贸n, y de los altos mandos militares, “el 茅xito de la operaci贸n, acci贸n leg铆tima del Estado”. M谩s tarde anunci贸 que seguir谩n los bombardeos, como de hecho ocurri贸 el viernes 22 de mayo en jurisdicci贸n del municipio de Remedios (Antioquia), y desafiante dijo que “estamos preparados” ante la ruptura del cese de fuego unilateral.
En aparente cambio de tono le pregunt贸 a las FARC: “¿Cu谩ntos muertos m谩s necesitamos para entender que ha llegado la hora de la paz?”. Para algunos la frase, plagiada, ten铆a tufo a cinismo. Despu茅s de la ruptura de los di谩logos del Cagu谩n, el comandante Alfonso Cano, asesinado tambi茅n en el gobierno de Santos en las monta帽as del Cauca, cuando era el interlocutor para la aproximaci贸n en la perspectiva de di谩logos de paz con el Gobierno, fue el que dijo esa misma frase lapidaria: “Nos volveremos a reunir despu茅s de miles de muertos m谩s”.
Son esos vaivenes en la llamada pol铆tica de paz del Gobierno. Habla de paz en La Habana, pero hace la guerra en Colombia y no solo contra la insurgencia sino tambi茅n contra las organizaciones sociales; un d铆a habla en tono conciliador, otro con agresividad y amenazas. As铆 es dif铆cil construir la paz.
La masacre de Guapi est谩 en estudio de expertos y analistas sobre el derecho internacional humanitario. Fue un acto desproporcionado propio de una guerra asim茅trica en la que el Estado cree que todo vale para acabar con la insurgencia. Las guerras tienen l铆mites legales y 茅ticos. Este acto se aparta de esos par谩metros. Bajo la doctrina gringa de la Seguridad Nacional, en Colombia se impuso el concepto del “conflicto de baja intensidad” y por ende del “enemigo interno”, el mismo que Estados Unidos aplica en las guerras de rapi帽a en Medio Oriente y otras latitudes. Se act煤a sin ning煤n criterio de proporcionalidad y sin respetar el DIH. Santos reconoce el conflicto pero no acepta las obligaciones que esa decisi贸n le impone.

Artificio y estad铆stica oficial

El artificio del Gobierno Nacional, apoyado por la “gran prensa”, es simple: “Estamos dialogando en medio de la guerra”, dice, pero cuando los resultados les son adversos monta en c贸lera y adopta medidas que lesionan el proceso. Es la antigua y manida ley del embudo. Se los dijo el comandante Pastor Alape: “(Nuestra posici贸n) es completamente diferente a las incoherencias del Gobierno, que por una parte dice que el debate de la paz debe darse en medio de la confrontaci贸n, pero cuando se da un hecho en que las estructuras del Estado no salen exitosas, forma pataleta”.
Otro artificio es el argumento de que fueron las FARC-EP las que violaron el cese unilateral de fuegos, como lo asegura el ministro del Interior Juan Fernando Cristo o que nunca la acataron seg煤n el informe del Centro de Recursos para el An谩lisis del Conflicto (Cerac). Ambos desconocen otras versiones m谩s serias, no cercanas a las FARC-EP, como las de la Fundaci贸n Paz y Reconciliaci贸n y la Defensor铆a del Pueblo que reconocen que la intensidad del conflicto disminuy贸 con el cese unilateral. El Frente Amplio por la Paz, veedor de que este fuera acatado por todos los integrantes de la guerrilla, certific贸, al menos en tres ocasiones, el respeto del mismo.

El da帽o est谩 hecho

Ambas partes aseguraron que permanecer谩n en la mesa, en medio de un pa铆s polarizado, porque mientras unos apoyan al presidente Santos, entre estos de manera desbocada los grandes medios de comunicaci贸n que usan y abusan de su poder, otros creen que el Gobierno se equivoc贸. “Hay cosas que se valoran solo cuando se pierden y posiblemente es lo que pasar谩 con esta tregua”, dice la revista Semana en circulaci贸n con el titular de que “La paz est谩 herida”.
En el pa铆s crecen los llamados al cese bilateral de fuegos, a bajar la intensidad del conflicto y a persistir en los di谩logos de La Habana. Lo han dicho Naciones Unidas y otros organismos internacionales. M谩s que presionar “soluciones prontas”, como dice la canciller Mar铆a 脕ngela Holgu铆n, ahora asesora de la delegaci贸n gubernamental, lo que la comunidad internacional quiere es que no se pierda esta oportunidad de pactar el acuerdo de paz definitivo.
Pero el da帽o est谩 hecho. En su prepotencia Santos pens贸 que el cese unilateral era un signo de debilidad de la guerrilla. Las FARC-EP decidieron suspender el cese unilateral de fuegos. Desde enero del presente a帽o, el Secretariado ven铆a advirtiendo que en varias regiones la Fuerza P煤blica estaba atacando los campamentos de guerrilleros en tregua. Los militares la aprovecharon para obtener ventaja militar. Demostraron que en la c煤pula hay quienes se oponen a la salida pol铆tica dialogada.
“No estaba en nuestra perspectiva la suspensi贸n de la determinaci贸n del cese al fuego unilateral e indefinido proclamado el 20 de diciembre de 2014 como un gesto humanitario y de desescalamiento del conflicto, pero la incoherencia del gobierno Santos lo ha logrado, luego de cinco meses de ofensivas terrestres y a茅reas contra nuestras estructuras en todo el pa铆s”, se帽ala el comunicado del secretariado de las FARC-EP.
Demostrando que no existe ning煤n 谩nimo de revancha, el mismo comunicado consigna: “Nos duelen por igual las muertes de guerrilleros y soldados, hijos de un mismo pueblo y procedentes de familias pobres. Debemos parar este desangre. Contra nuestra voluntad tenemos que proseguir el di谩logo en medio de la confrontaci贸n. Aunque Santos anuncia que mantendr谩 la ofensiva, insistiremos en la necesidad de acordar cuanto antes, para la salud del proceso de paz y evitar nuevas victimizaciones, el cese bilateral de fuegos que con tanta insistencia han reclamado las mayor铆as nacionales”.
Cabe recordar en estos momentos dif铆ciles de los di谩logos de La Habana, las prof茅ticas palabras de Otto Morales Ben铆tez, hombre de paz fallecido el s谩bado 23 de mayo del presente a帽o: “Hay enemigos agazapados de la paz, desde dentro y fuera del Gobierno”. ¡Que los hay, los hay!
--------