Luego, con el tiempo, fue capaz de trasladarse en silla de ruedas con ayuda de sus padres. En ese periodo fue que encontró a un gran amigo; nada menos que un perro golden retriever que lo ayudó con su recuperación.
El solo hecho de estar a su lado y acariciarlo hacía feliz a Caleb, estaba más animado y activo. A medida que la terapia avanzó, el niño mostró signos muy notorios de una mejora en sus capacidades:
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