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EL PARO QUE ASUST脫 A LA BURGUES脥A

Alfonso L贸pez MichelsenAlfonso L贸pez Michelsen
Alfonso L贸pez  Michelsen fue el primer presidente electo post- Frente Nacional.
Muchos colombianos votaron por 茅l, esperanzados en que el “Mandato Claro”, nombre dado por L贸pez a su gobierno, emprender铆a una serie de cambios positivos que el pa铆s reclamaba con urgencia.
Fueron vanas las ilusiones de sus electores. Al poco tiempo de iniciado el “Mandato Claro”, un verdadero alud  de alzas cay贸 sobre los m谩s necesitados.
Subieron exorbitantemente: la gasolina, transporte, servicios p煤blicos, todos los productos de la canasta b谩sica.
Con base en las penurias del pueblo se cumpl铆a con las obligaciones contenidas en las cartas de intenciones firmadas con FMI, el BM y otros organismos de cr茅dito internacional, a los cuales se les cancelaba, con rigurosa puntualidad, los intereses de la deuda, sin amortizar un solo centavo al capital.
A lo anterior se sum贸 el crecimiento acelerado del desempleo, el d茅ficit fiscal, la crisis monetaria y la del campo, la cual por mal manejo de los gobernantes, no aprovech贸 la “bonanza cafetera” para diversificar la producci贸n en el sector.
Los campesinos, obreros, empleados, trabajadores informales y hasta algunos gremios econ贸micos que se sintieron discriminados por la pol铆tica oficial; comenzaron a  cambiar la percepci贸n sobre el gobierno, al que llamaban despectivamente: “Mandato Caro”, “Mandato de hambre”.
Paralelo a la situaci贸n de privaciones que viv铆an las mayor铆as, el sector financiero, los exportadores y algunos industriales ve铆an crecer sus fortunas.
La llamada “clase emergente” obtuvo carta de ciudadan铆a. Inmensos capitales afloraban de la noche a la ma帽ana provenientes del contrabando y la exportaci贸n de marihuana y coca铆na.
Para complacer a los nuevos ricos, hacerse con algo de impuestos y captar la enorme cantidad de d贸lares que ellos entraban al pa铆s y, legalizar sus capitales; L贸pez decreta una amnist铆a tributaria  y crea la llamada “ventanilla siniestra”, que le permite al Banco de la Rep煤blica recoger d贸lares y blanquear dineros de actividades il铆citas.
Esa tolerancia y complacencia del mandatario, frente al crimen organizado, habr铆a de costarle muy…pero muy caro al pueblo colombiano.
En contraste con lo anterior, cualquier protesta callejera, movilizaci贸n, mitin, huelga o paro; era violentamente reprimida por la fuerza p煤blica, que actuaba bajo el amparo del Estado de Sitio tambi茅n decretado por el Presidente.
Esta era la situaci贸n que viv铆a Colombia en 1977.
Frente a la magnitud de la tragedia, las centrales obreras, propusieron a todos los afectados por la pol铆tica lopista; realizar un Paro C铆vico Nacional de protesta contra las pol铆ticas oficiales.
El pliego de peticiones del Paro era mayoritariamente reivindicativo, aunque recog铆a aspectos pol铆ticos como el levantamiento del Estado de Sitio y el cese de la represi贸n.
En s铆ntesis se reclama: alza general de sueldos y salarios, freno al costo de vida, creaci贸n de nuevas plazas de trabajo, congelamiento del precio de las tarifas p煤blicas y de los combustibles que incid铆an sobre las dem谩s alzas.
Lo elemental y la justeza de las reclamaciones, lograron que la consigna del Paro prendiera de inmediato, en todos los sectores afectados de la poblaci贸n y permiti贸 aglutinar bajo sus banderas un torrente de unidad como pocas veces hab铆a vivido Colombia.
Desde las altas esferas del poder, a trav茅s de los medios masivos de comunicaci贸n, se comenz贸 a estigmatizar la protesta en ciernes.
Los voceros del Palacio presidencial, ministros, funcionarios y militares; comenzaron a lanzar la especie de la existencia de una conjura del comunismo internacional para tumbar el gobierno liberal.
Con ese pretexto se extremaron las medidas de vigilancia y control sobre la poblaci贸n.
La Fuerza P煤blica fue desplegada con tanques y armamento pesado en las ciudades capitales, pueblos, veredas, caser铆os, carretas, caminos, calles y avenidas.
La polic铆a y el ej茅rcito se prepararon, no para garantizar el libre ejercicio de la protesta ciudadana, como lo mandata la Constituci贸n, sino para enfrentar una guerra ante un enemigo extranjero.
El 14 de septiembre de 1977, a las 00:00 horas comenz贸 aquella epopeya
Al iniciar a media noche la sensaci贸n era de tranquilidad y de un aparente descanso colectivo. No hab铆a gente, ni veh铆culos en las calle. Solo militares con su atuendo de muerte se ve铆an por doquier. Colombia era un pa铆s ocupado por sus propias FFAA.
A las 00:04 horas los trabajadores abandonaron sus hogares y comenzaron a tomar las calles; a las seis de la ma帽ana, Bogot谩 era un inmenso mar de personas marchando, cantando, agitando consignas, desplegando pancartas. El orden reinaba. Los reportes de todo el pa铆s eran similares.
Poco tiempo dur贸 la alegr铆a de protestar en paz. En varios sitios de Bogot谩 y otras ciudades y poblados de Colombia; el ej茅rcito y la polic铆a comenzaron a disparar contra la multitud inerme.
Muchos manifestantes, hombres y mujeres, cayeron bajas las balas asesinas al enfrentar con su pecho descubierto, a una tropa mentalizada para matar.
La multitud invadida por el dolor y la impotencia, vir贸 hac铆a el saqueo y el incendi贸 de aquello que le era m谩s odiado.
Al anochecer el 14 de septiembre cientos de muertos se reportaron en todo el pa铆s. La gente enardecida por la brutalidad militar prolong贸 su accionar, en algunos sitios, por 24 horas m谩s, en otras, por 48 y 72.
No se sabe con certeza cuantos miles de muertos dej贸 aquella memorable jornada. Muchos de los oficiales y suboficiales del ej茅rcito y la polic铆a que reprimieron est谩n vivos y gozan de la impunidad que el sistema les otorga.
La Comisi贸n de Esclarecimiento de  la Verdad, Justicia, Reparaci贸n y No Repetici贸n, creada como producto de los Di谩logos de La Habana, tendr谩 la oportunidad de hacer comparecer a quienes dispon铆an del mando de tropas en aquel momento, para que le cuenten al pa铆s la verdad de lo sucedido y de lo que de all铆 se desprendi贸 posteriormente.
Terminado el Paro la cacer铆a de brujas fue impresionante. Los militares redactaron e hicieron aprobar el Estatuto de Seguridad, puesto en marcha por Julio C茅sar Turbay Ayala, sucesor de L贸pez. De esta manera Turbay Ayala se convirti贸 en simple firm贸n de la c煤pula militar, inaugur谩ndose una de las 茅pocas m谩s sombr铆as de la historia de Colombia.
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