No hay nada tan complejo e indescifrable como las relaciones humanas y los c铆rculos viciosos del amor. El arte ha presenciado amores que arrasan con todo a su paso, historias de traici贸n que atrapan a sus protagonistas entre letras y pinceles. El amor entre artistas dista mucho de ser la ut贸pica relaci贸n perfecta, esa vida amorosa en la que ambos tienen planes de despertar cada ma帽ana uno junto al otro, compartir sus intereses y las preocupaciones diarias, y enfrentar juntos las adversidades de la vida. Este sue帽o cotidiano pronto puede caer en el vicio de una adicci贸n irracional, cuando el amor duele, cuando hiere la ausencia y tambi茅n la presencia.
Hay romances que son breves y tan intensos que se alimentan de una pasi贸n desmedida dejando a su paso una tormentosa realidad. Cuando el amor excede los l铆mites de la obsesi贸n, se abren paso los finales que nos recuerdan que hay historias que terminan as铆, sin finales felices ni finales tristes, simplemente se agotan. Otros duran toda la vida condenando a las parejas a enfrentar cada ma帽ana el derrumbe de sus rom谩nticas ilusiones, plasmando sus desenga帽os en el arte y en sus versos.
Hay romances que son breves y tan intensos que se alimentan de una pasi贸n desmedida dejando a su paso una tormentosa realidad. Cuando el amor excede los l铆mites de la obsesi贸n, se abren paso los finales que nos recuerdan que hay historias que terminan as铆, sin finales felices ni finales tristes, simplemente se agotan. Otros duran toda la vida condenando a las parejas a enfrentar cada ma帽ana el derrumbe de sus rom谩nticas ilusiones, plasmando sus desenga帽os en el arte y en sus versos.
A continuaci贸n te presentamos 6 relaciones tormentosas entre artistas y escritores del 煤ltimo siglo que en lienzos, libros y museos inmortalizaron sus encuentros con la tragedia, el dolor y la controversia.
“He sufrido dos graves accidentes en mi vida: uno en el que me arroy贸 un tranv铆a… el otro fue Diego”. Frida Kahlo
Ambos estandartes de la pintura mexicana se casaron en 1929, se divorciaron en 1940 y volvieron a casarse en 1941. Su relaci贸n enfrent贸 m煤ltiples contratiempos, el primero fue la diferencia de edades, pues cuando se casaron Frida ten铆a 22 a帽os y Diego era un hombre de 43 a帽os con un antecedente de dos matrimonios fallidos. Contar su historia es recordar una larga lista de infidelidades, Diego Rivera, el mujeriego irremediable, y Frida, con sus discretos amantes. Otra situaci贸n que nunca dej贸 a Frida ser feliz fue su infertilidad a causa de los da帽os f铆sicos del accidente en el tranv铆a. Cuatro abortos enterraron las ilusiones de formar una familia juntos, sin embargo compartieron casa y estudio, donde celebraron m铆ticas fiestas con su c铆rculo de amigos que curaban por momentos los da帽os que las traiciones les causaron. Pero Diego cometi贸 el 煤nico error que Frida no pod铆a perdonar: mantuvo un amor铆o con Cristina Kahlo. A partir de ese momento su relaci贸n se degrad贸 al igual que la salud de la pintora mexicana que muri贸 con tantos rencores como pasi贸n por el hombre de su vida.

Juan Carlos Onetti e Idea Vilari帽o
“Onetti y yo 茅ramos dos monstruos”. Idea Vilari帽o
Poemas de Amor, el libro que consolid贸 a la uruguaya Idea Vilari帽o como pilar de la poes铆a latinoamericana, est谩 dedicado a la relaci贸n que inici贸 en Montevideo en la d茅cada de los 50 con el escritor Juan Carlos Onetti. Fue amor a primera vista en una reuni贸n del c铆rculo intelectual de Uruguay, seguido de una 铆ntima relaci贸n por correo digna de dos escritores enamorados.
Ambos lo describieron como un amor sin sentido, entre peleas y rencores perdidos en un vaiv茅n de finales, rupturas y reconciliaciones. Onetti describi贸 a帽os despu茅s su historia con Vilari帽o como algo m谩s relacionado al sexo y al intelecto que a la entrega total de dos amantes dominados por la ternura. La distancia y el orgullo terminaron con una relaci贸n tan intensa como la obra de la escritora.
El escritor Juan Carlos Onetti se cas贸 en dos ocasiones, Vilari帽o no lo hizo nunca, para ella Onetti fue un error y su mayor acierto, un amor de aquellos que te consumen por completo sin dejar restos para un amante m谩s.


Marina Abramovic y Ulay
“Realmente lo am茅, incluso m谩s que a m铆 misma”. Marina Abramovic
Marina Abramovic es una leyenda del performance, su trabajo explora los l铆mites f铆sicos y mentales de s铆 misma en acciones en las que se somete al dolor y al contacto con el p煤blico confront谩ndolo con emociones llenas de intensidad. En 1976, el artista Uwe Laysiepen, conocido como Ulay, la conoci贸 en una galer铆a en 脕msterdam mientras ella realizaba un performance. Fue un amor a primera vista que dur贸 m谩s de 10 a帽os en los que compartieron su pasi贸n por el arte, uni茅ndose en acciones perform谩ticas. Su relaci贸n fue controversial hasta el 煤ltimo momento, despu茅s de terminar por los problemas causados por rivalidades art铆sticas y por carecer de intimidad, ya que su romance sufri贸 una constante exposici贸n medi谩tica a causa de sus carreras.
Incluso su ruptura qued贸 inmortalizada en la historia del arte con su 煤ltimo performance juntos: The Lovers, en el que cada uno camin贸 desde un extremo de la Gran Muralla China para encontrarse, despu茅s de 2 mil500 km de recorrido, justo en el centro de la muralla, se despidieron con un 煤ltimo abrazo. Un performance que simboliz贸 sus caminos uni茅ndose y separ谩ndose, caminos que se cruzaron por un instante fugaz en sus vidas.

23 a帽os despu茅s de su despedida se encontraron en uno de los episodios m谩s conmovedores de la historia del arte; en el MOMA de Nueva York, mientras Abramovic presentaba “The Artist is Present”, pieza que consist铆a en estar sentada durante 716 horas y 30 minutos, mientras el p煤blico llegaba y compart铆a con ella el silencio al sentarse en una silla delante de ella. Los asistentes pasaban de uno por uno, hasta que en un acto inesperado,Ulay apareci贸 frente a la artista. No hablaron, se miraron, se reencontraron en una mirada llena de complicidad y se separaron como dos desconocidos con una historia en com煤n.
Oscar Wilde y Lord Alfred Douglas
“Tu alma delgada y 谩urea camina entre la pasi贸n y la poes铆a. S茅 que Jacinto, al que Apolo tan locamente am贸, fuiste t煤 en los d铆as griegos”. Oscar Wilde
En Londres, la 茅poca victoriana fue escenario de un romance prohibido oculto en las letras de la literatura: Wilde y Lord Alfred Douglas, quienes se conocieron en 1891. Douglas lo admiraba por su brillantez y por pertenecer al mundo art铆stico. Wilde pose铆a un ingenio y una conversaci贸n sumamente interesante, pero desde el comienzo del romance algunos amigos de la pareja acusaban a Alfred Douglas de no amar genuinamente a Wilde y de utilizarlo por su dinero y fama, aprovechando su relaci贸n sentimental.
Douglas era un noble escoc茅s y su familia, desde luego, se opuso al romance acusando a Wilde de sodom铆a. Wilde fue encarcelado durante dos a帽os por el delito de “grave indecencia” por homosexualidad. Al final la presi贸n familiar y la cr铆tica social pudieron m谩s que el amor y los separaron definitivamente cuando, al salir Wilde de la c谩rcel, Lord Douglas, intimidado por su puesto nobiliario, afirm贸 que nunca lo hab铆a amado. El fin de la relaci贸n persigui贸 a Wilde toda su vida, reprochando la cobard铆a de su amante y la impotencia del amor ante una sociedad que no estaba lista para atestiguarlo.

William Burroughs y Joan Vollmer
“La 煤nica 茅tica posible es hacer lo que uno quiere hacer”. William Burroughs
脡l era un adicto a la hero铆na, ella a las anfetaminas, por lo que cuando Vollmer entr贸 a la vida del escritor comenz贸 su declive emocional, fue condenado a prisi贸n domiciliaria por falsificar recetas m茅dicas y tuvo que recluirse al cuidado de sus padres, este hecho caus贸 una profunda depresi贸n en Joan por la soledad de no tener contacto alguno con su amante, caus谩ndole una psicosis temporal. Cuando Burroughs culmin贸 su condena, sac贸 a Vollmer de la sala de psiquiatr铆a del hospital y se mud贸 con ella a Texas. Tuvieron un hijo en 1947, pero William volvi贸 a ser arrestado despu茅s de que la polic铆a registr贸 su casa y encontrara cartas con referencia a una entrega de marihuana, as铆 que ambos decidieron huir a M茅xico.
Durante un tiempo llevaron una vida tranquila, 茅l estudi贸 espa帽ol y lengua maya mientras ella se dedic贸 a cumplir su papel como fiel esposa y madre amorosa. Las fiestas y las drogas formaban parte de la utop铆a de una vida feliz, hasta que el 26 de septiembre de 1951, en un departamento de la Ciudad de M茅xico, disfrutaban una botella de tequila y las drogas habituales con sus amigos: Lewis Marker y el poeta Eddie Woods, cuando William encontr贸 una manzana, lo que trajo a la conversaci贸n la historia de Guillermo Tell, relato 茅pico sobre el hombre con la mejor punter铆a del mundo, quien para salvar su vida tuvo que disparar con una ballesta a una manzana posada sobre la cabeza de su hijo.

Emocionada por el relato, Joan se levant贸 y se coloc贸 a escasos metros de William; con la manzana sobre su cabeza, mir贸 a Burroughs y lo incit贸 a derribar la manzana con una sola bala. 脡l dispar贸. Joan qued贸 tendida en el piso rodeada por un charco de sangre. La tragedia apareci贸 en los peri贸dicos locales como un desafortunado juego. A帽os despu茅s, Burroughs escribi贸 que jam谩s habr铆a sido escritor si su esposa no hubiera muerto.
Pablo Picasso y Dora Maar
“Despu茅s de Picasso, s贸lo Dios”. Dora Maar
Par铆s fue el escenario del encuentro entre ambos pintores, ella ten铆a 29 a帽os, 茅l 55 y segu铆a casado con la rusa Olga Khokhlova, madre de su hijo. Dora Maar, mujer de extraordinaria belleza, se convirti贸 en su modelo y musa. Entre ellos existi贸 una verdadera relaci贸n intelectual a un grado que no alcanz贸 con ninguna otra de sus amantes. Dora Maar se entreg贸 a Picasso por completo y, cautivada por su talento, document贸 la realizaci贸n de “el Guernica”, compartieron amistades, trabajo y viajes. Poco a poco, Dora, la mujer elegante y deslumbrante que enloqueci贸 a Picasso, se convirti贸 en una mujer desesperada pose铆da por un amor angustiante.
Durante los seis a帽os que dur贸 su relaci贸n, ella fue su aprendiz de pintura, pues aunque era fot贸grafa, al conocer a Pablo Picasso, abandon贸 la profesi贸n que el espa帽ol menospreciaba. La obsesi贸n por retener el amor del pintor estall贸 hasta que la sustituy贸 en 1943 por Francoise Gilot, lo que caus贸 a Dora una gran depresi贸n que la conden贸 a una vida en hospitales psiqui谩tricos. Maar no volvi贸 a amar a nadie y muri贸 sola, a los 90 a帽os. Tras su muerte encontraron en su casa cientos de “picassos” en una colecci贸n que confirm贸 el da帽o irreparable que le caus贸 un amor fugaz que arras贸 con todo, al que se entreg贸 tanto que no dej贸 nada para s铆 misma.


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