/ Jueves 19 de noviembre de 2015
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Las elecciones al Congreso de la Rep煤blica, realizadas meses despu茅s de firmado el Pacto, eran el primer objetivo formulado, en busca de refundar la patria. “El Pacto de Ralito no fue un acuerdo simb贸lico. Tuvo consecuencias pr谩cticas. A trav茅s de la intimidaci贸n y de masacres como las cometidas en Macayepo, Chengue y El Salado, el fen贸meno de la parapol铆tica cobr贸 vida en cientos de municipios y en el Congreso de la Rep煤blica” (Cepeda, 2009, p. 87). Los resultados pol铆ticos del nuevo contrato social se dieron en las elecciones del 2002-03, cuando alcanzaron una tercera parte del Congreso, ejercieron control sobre 250 alcald铆as y nueve gobernaciones. Influyendo, asimismo, decididamente en la campa帽a presidencial de 脕lvaro Uribe V茅lez, aquel agricultor, propietario de una ‘modesta’ hacienda en C贸rdoba de miles de hect谩reas.
Adem谩s la desilusi贸n y la frustraci贸n de la sociedad ante el fracaso de los di谩logos de paz con la guerrilla ayudaron al triunfo de 脕lvaro Uribe: el desastre del Cagu谩n le permiti贸 ascender al poder. Terco en negar la existencia de un conflicto interno, descartaba cualquier posibilidad de di谩logos con la guerrilla, su gobierno desencaden贸 la m谩s grande ofensiva militar y pol铆tica en contra de 茅stas. Ofensiva que presion贸 e incentiv贸 a la Fuerza P煤blica para mostrar resultados, desatando comportamientos criminales, casi innatos en las fuerzas militares colombianas, como los “falsos positivos”, el hostigamiento contra organizaciones sociales y defensores de derechos humanos, as铆 como las interceptaciones y los seguimientos ilegales del Departamento Administrativo de Seguridad –DAS–. A pesar de ello la ofensiva del gobierno no logr贸 acabar con las guerrillas, las cuales se han adaptado a la nueva din谩mica del conflicto, volviendo a la t谩ctica de guerra de guerrillas, asestando golpes contra la Fuerza P煤blica para luego replegarse r谩pidamente.
Tan pronto se posesion贸 como presidente 脕lvaro Uribe busc贸 iniciar negociaciones con los grupos paramilitares, luego de unos meses el pa铆s asist铆a a la firma del Acuerdo de Santa Fe de Ralito entre el Gobierno y las Autodefensas Unidas de Colombia.
La instalaci贸n formal de la zona de distenci贸n se dio en julio de 2004 en Santa Fe de Ralito, C贸rdoba. D铆as m谩s tarde, jefes paramilitares visitaron el Congreso de la Rep煤blica, Zulema Jattin, parlamentaria por C贸rdoba, hab铆a gestionado la visita de Salvatore Mancuso, ‘Ernesto B谩ez’ y Ram贸n Isaza a una sesi贸n en el templo de la democracia colombiana, all铆 se evidenciaron las diferencias internas del paramilitarismo, debido a que los tres representaban tendencias distintas, “Isaza representaba a las autodefensas hist贸ricas herederas de la experiencia de Puerto Boyac谩, de mediados de los a帽os ochenta; Mancuso, la segunda etapa de mediados de los a帽os noventa, con epicentro en C贸rdoba y Urab谩; y B谩ez, la expansi贸n nacional del Bloque Central Bol铆var, a finales de los noventa y comienzos del siglo XXI, que expresaba la emergencia de los nuevos narcotraficantes con pretensiones de actores pol铆ticos” (CNMH, 2013, pp. 184), aunque todos con una estela de muerte sobre s铆. En sus discursos exaltaron su gesta patri贸tica y heroica de lucha contra el enemigo comunista, los casi 60 parlamentarios asistentes ovacionaron a los jefes paramilitares. Mientras un centenar de v铆ctimas reclamaban justicia a las afueras del recinto.
En el tiempo que dur贸 la zona de ubicaci贸n, los paramilitares la utilizaron para traficar, cometer m煤ltiples asesinatos y realizar extravagantes festejos, “los paras ingresaban cajas de whisky y se divert铆an con reconocidas modelos, actrices y prostitutas tra铆das de Medell铆n, Barranquilla y Bogot谩. Organizaban bacanales con los mejores conjuntos vallenatos, cuenta chistes y hasta pianistas” (Cepeda, 2009, p. 107). En Santa Fe de Ralito los paramilitares continuaban gobernando a sus anchas ante la aquiescencia del Estado. En las luchas internas entre paramilitares se desenvolvi贸 el asesinato de Carlos Casta帽o, el 16 de abril de 2004, despu茅s de denunciar p煤blicamente la cooptaci贸n del movimiento por el narcotr谩fico y su intenci贸n de entregarse a la justicia de los Estados Unidos. El asesinato fue ordenado por varios comandantes paramilitares, incluido su hermano Vicente Casta帽o, evidenciando la hegemon铆a interna del sector ligado al narcotr谩fico.
La Ley de Justicia y Paz dise帽ada por el Gobierno permiti贸 a los paramilitares desmovilizarse en la casi total impunidad, desconociendo los derechos de las v铆ctimas, a quienes despu茅s de la extradici贸n de los l铆deres de las autodefensas se les esfum贸 la esperanza de su derecho a la verdad, justicia y reparaci贸n, exportando as铆 las verdades m谩s atroces sobre el desarrollo y consolidaci贸n del paramilitarismo en las 煤ltimas d茅cadas en Colombia. Hacia marzo de 2006 se empezar铆a a saber, p煤blicamente, hasta d贸nde el paramilitarismo hab铆a permeado el Estado, por entonces fue incautado el computador del jefe paramilitar Rodrigo Tovar, al铆as ‘Jorge 40’, que conten铆a informaci贸n sobre los pactos suscritos por empresarios, pol铆ticos y fuerza p煤blica con grupos paramilitares. Entre los congresistas comprometidos estaban Miguel Alfonso de la Espriella, Zulema Jattin y Eleonora Pineda, todos cercanos al presidente de la rep煤blica. El primero de ellos fue quien dio a conocer la existencia del Pacto de Santa Fe de Ralito, en 2001, en el que pol铆ticos y paramilitares se compromet铆an a refundar la patria. Luego de conocerse el Pacto, la congresista Eleonora fue expulsada de uno de los partidos uribistas, a pesar de que 茅sta, junto con Miguel Alfonso de la Espriella, hab铆a acompa帽ado al presidente en su nueva candidatura, salpicada por un esc谩ndalo de cohecho, gracias al cual logr贸 la aprobaci贸n de la reforma constitucional que le permit铆a reelegirse.
M谩s de dos d茅cadas tuvieron que pasar, desde el surgimiento de los primeros paramilitares contempor谩neos en el peque帽o municipio de Puerto Boyac谩, para que el modelo de control social, pol铆tico y econ贸mico paramilitar implementado por primera vez all铆 se extendiera a casi todo el pa铆s, controlando adem谩s una importante parte del Congreso. As铆 era impensable una desmovilizaci贸n total y efectiva de los grupos paramilitares, aquellos no renunciar铆an al control del territorio y de la poblaci贸n ni tampoco a sus lucrosos negocios.
La reestructuraci贸n era cuesti贸n de tiempo, y no hubo que esperar demasiado, para el 2007 la Comisi贸n Nacional de Reparaci贸n y Reconciliaci贸n identific贸 34 grupos resultado del rearme paramilitar, entre los que se destacan Los Urabe帽os, Los Rastrojos y el Ej茅rcito Revolucionario Antisubversivo de Colombia –Erpac–. Desde la finalizaci贸n del proceso de desmovilizaci贸n los paramilitares han incrementado su accionar, manteniendo los 贸rdenes sociales, pol铆ticos y econ贸micos en los bastiones de las Autodefensas Unidas de Colombia.
Desde el 2010 el rearme paramilitar se desarrolla en un nuevo contexto: 脕lvaro Uribe, a quien los paramilitares ve铆an como aliado, cercano a la ideolog铆a de las autodefensas, dio paso al Gobierno de Juan Manuel Santos (2010 – 2018), el cual decidi贸 continuar la ofensiva militar contra la insurgencia, aunque situando a las v铆ctimas y la soluci贸n pol铆tica del conflicto como sus banderas de gobierno. As铆 en julio de 2011 implement贸 la Ley de V铆ctimas y Restituci贸n de Tierras y en octubre de 2012 inici贸 formalmente el proceso de paz con las FARC–EP en La Habana.
Lamentablemente, y debido a que la institucionalidad a煤n est谩 infiltrada por los neoparamilitares, la restituci贸n de tierras se ha convertido en una nueva org铆a de sangre ante la mirada inmutable del Estado que observa como asesinan uno a uno a los reclamantes de tierra, quienes vuelven a ser victimizados. Un informe del 2012 de la Defensor铆a del Pueblo se帽al贸 que durante los 煤ltimos a帽os han sido asesinados 71 l铆deres de procesos de restituci贸n de tierras [2], develando la incapacidad del Gobierno para enfrentar el proyecto econ贸mico, social y pol铆tico paramilitar que construyeron durante varias d茅cadas. Hasta aquella fecha -2012- la justicia colombiana solo hab铆a “emitido una condena por el asesinato de un reclamante de tierras. Se trata de la muerte en el 2010 de Rogelio Mart铆nez quien, seg煤n establecieron las autoridades, fue v铆ctima de integrantes de la banda criminal ’Los Paisas’” [3].
El Gobierno y los medios de comunicaci贸n ahora denominan a los grupos paramilitares como ‘Bandas criminales’, parad贸jicamente las estructuras est谩n conformadas por antiguos paramilitares, adem谩s sus fines, financiamiento y accionar parecen calcados: el paramilitarismo, entonces, se ha transformado superficialmente porque, en esencia, sigue activo controlando el territorio y a su poblaci贸n.
Libros citados
1. Centro Nacional de Memoria Hist贸rica (2013). ¡Basta! Colombia: Memorias de guerra y dignidad.
2. Cepeda, Iv谩n (2009). A las puertas del Ub茅rrimo. Bogot谩: Editorial DEBATE.
[1] Verdad Abierta, La historia detr谩s del Pacto de Ralito
[2] Revista Semana. Reina impunidad en asesinatos de l铆deres de tierras. Abril de 2012
[3] Ibid.
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