La discusi贸n sobre las relaciones entre el partido revolucionario de clase y las organizaciones tipo frente hace parte del acumulado hist贸rico del movimiento comunista. La t谩ctica frentista ha variado a trav茅s de los tiempos conforme a los desarrollos, avances y retrocesos de la lucha obrera.
Ya desde los primeros momentos de la Revoluci贸n Rusa, el partido bolchevique guiado por Lenin sent贸 las bases de la t谩ctica del frente 煤nico proletario, adoptada prontamente por la Internacional Comunista desde su fundaci贸n en 1919.
El frente 煤nico buscaba la convergencia de la mayor铆a de la clase obrera -tanto los comunistas como los que no lo eran- en un solo frente para la lucha anticapitalista. Se trataba de una herramienta que permitiera la suficiente amplitud pol铆tica para alcanzar las grandes masas trabajadoras y al tiempo tuviera una direcci贸n clasista para garantizar su conducci贸n revolucionaria.
El frente 煤nico propugnaba por la construcci贸n de la unidad obrera desde la base, es decir, por encima de la direcci贸n de los partidos y organizaciones sindicales. De esta manera, la militancia comunista pod铆a ganar para la lucha directa a militantes obreros de otras tendencias -socialdem贸cratas, anarquistas, reformistas, etc.- sin tener que buscar alianza alguna con sus respectivas dirigencias, consideradas reaccionarias.
A partir del VI Congreso de la Internacional Comunista (1928) prim贸 en sus partidos afiliados la pol铆tica de “clase contra clase”, en donde la t谩ctica del frente 煤nico fue llevada a sus 煤ltimas consecuencias, derivando en posturas sectarias y extremoizquierdistas que implicaron la no comprensi贸n del fen贸meno del fascismo. El caso extremo de este fen贸meno: la incapacidad de los comunistas alemanes para impedir el ascenso electoral del nazismo dada su postura sectaria que rehuy贸 a una alianza temporal con la socialdemocracia local.
El VII Congreso (1935) dio un viraje radical a la pol铆tica de los partidos comunistas. Del frente 煤nico por la base se pas贸 a la aplicaci贸n del Frente Popular Antifascista, una nueva t谩ctica pol铆tica que buscaba la m谩s amplia la alianza entre los sectores revolucionarios, democr谩ticos y antifascistas bajo la l贸gica de que “contra el fascismo, democracia” -v茅ase la sustentaci贸n de dicha pol铆tica por parte de G. Dimitrov, secretario general de la Internacional Comunista en dicho periodo.
En lugar de alianzas por la base, los frentes populares se basaban en convergencias por arriba: eran alianzas policlasistas entre las direcciones de organizaciones del campo democr谩tico e implicaban un claro componente electoral. As铆, por ejemplo, en el frente popular franc茅s converg铆an el Partido Comunista y el Partido Socialista, y en el frente popular de la Rep煤blica Espa帽ola estaban aliados el PCE -comunista-, el PSOE -socialdem贸crata-, la CNT -anarcosindicalista-, la UGT -el sindicato socialista- y diversas formaciones republicanas e independentistas.
Dicha t谩ctica tuvo marcada incidencia dentro de la pr谩ctica pol铆tica de los partidos comunistas latinoamericanos, toda vez que las condiciones del desarrollo del capitalismo en la regi贸n implicaban -bajo el esp铆ritu de la 茅poca- la alianza con sectores nacionalistas de la burgues铆a y con el progresismo local.
Hechos como la disoluci贸n de la Internacional Comunista en 1943, los cismas del Movimiento Comunista Internacional -aparici贸n del tito铆smo, el mao铆smo, el hoxha铆smo y el eurocomunismo- y, finalmente, la implosi贸n de la Uni贸n Sovi茅tica y el bloque socialista, implicaron un remez贸n de enorme magnitud para la vida y la pr谩ctica de los partidos comunistas y obreros de todo el mundo.
A pesar de todo, las luchas obreras y populares continuaron. A la dispersi贸n y el largo silencio que caracterizaron la d茅cada de 1990, vino a reemplazarlos la alta motivaci贸n para la lucha que ha representado la crisis sist茅mica del capital de finales de la d茅cada pasada.
Los y las comunistas son hoy sujetos activos del reagrupamiento del movimiento revolucionario. As铆, el Movimiento Comunista Internacional se recupera a la par que sus organizaciones participan de las luchas progresistas y anticapitalistas de sus respectivos pa铆ses, y al tiempo se multiplican los escenarios de discusi贸n y debate pol铆tico-ideol贸gico.
Dentro de ellos tiene singular importancia la valoraci贸n de experiencias y coyunturas como las de los gobiernos posneoliberales y progresistas de Nuestra Am茅rica -en los que ning煤n partido comunista ha alcanzado posiciones de direcci贸n de masas-, el fen贸meno BRICS o las perspectivas de una guerra internacional de grandes magnitudes.
En todo ello, vuelve a la primera fila del debate comunista contempor谩neo la discusi贸n sobre las v铆as para la revoluci贸n, en donde las perspectivas de la t谩ctica frentista vuelven a actualizarse. En la actual etapa de la transici贸n del capitalismo al socialismo, ¿la construcci贸n socialista requiere de etapas previas estilo democracia popular? En el mismo sentido, ¿es pertinente la construcci贸n de frentes policlasistas “por arriba” o la crisis sist茅mica lleva a la lucha de clases a un grado tal en el que la contradicci贸n capital/ trabajo se resuelva solo por la v铆a de la confrontaci贸n directa? Y en nuestro caso, el de los comunistas latinoamericanos, ¿de qu茅 manera debe actuar el partido revolucionario bajo la coyuntura de gobiernos progresistas? ¿existe a煤n potencial revolucionario en sectores medios y peque帽oburgueses? ¿son entonces pertinente los frentes policlasistas?
Un Movimiento Comunista Internacional renovado y combativo requerir谩 de una estrategia y t谩ctica unificada ante un mundo convulso que precisa nuevos triunfos para la clase trabajadora. El debate camaraderil est谩 abierto.
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