脡l le rog贸 y Leidy Johana Mendoza no vio ning煤n problema en recibir por esa noche a su excompa帽ero sentimental en su vivienda, en el oriente de Cali.
Pero la noche se volvi贸 amarga. De acuerdo con versiones de familiares, la mujer, de 24 a帽os, fue atacada por el hombre luego de sostener una discusi贸n porque ella no quer铆a volver a su lado. El resultado fueron dos pu帽aladas en el pecho y una en la espalda, que le causaron la muerte en medio del esfuerzo de los m茅dicos.
Para el C铆rculo de Hombres de Cali, una fundaci贸n sin 谩nimo de lucro que vela por los derechos de la mujer y tambi茅n cuestiona la conducta machista de los hombres en esta capital, el problema es que los hombres suelen considerar a las mujeres como de su propiedad. Explican que por eso sienten que las pueden golpear, insultar y hasta matar.
A pesar del crecimiento de colectivos de mujeres y hombres que se han conformado en los 煤ltimos a帽os en favor de la lucha por los derechos y la no violencia contra la mujer, la capital del Valle no deja de ser una de las ciudades donde m谩s hechos de feminicidios se registran al a帽o.
Seg煤n el Centro de Atenci贸n a V铆ctimas de Violencia Intrafamiliar de la Fiscal铆a (Cavif), en 2013 se registraron 6.107 casos de mujeres afectadas por este flagelo. Mientras que el centro de atenci贸n a v铆ctimas de abusos sexuales de la Fiscal铆a (Caivas), report贸 que entre enero y diciembre de ese a帽o se registraron 964 denuncias por delitos sexuales contra las mujeres. El 79 por ciento de las afectadas eran menores de edad.
Azucena Vera, de 43 a帽os, v铆ctima del maltrato de su pareja durante un a帽o, con se帽ales de una herida de cuchillo en su pecho y numerosas marcas en el cuerpo, sostiene que la justicia no actu贸 de manera efectiva poniendo su vida en riesgo.
Esta madre de una joven de 17 a帽os tuvo que huir de la ciudad ante la falta de acci贸n por parte de las autoridades. Solo tuvo 茅xito un a帽o y medio despu茅s, cuando recibi贸 la esperada llamada para rendir como testigo en el caso en contra de su expareja.
Para el 2014, seg煤n el Instituto de Medicina Legal, m谩s de 10 denuncias diarias fueron recibidas por parte de mujeres que se convirtieron en el blanco de ataques por parte de sus parejas o de quienes ya se hab铆an separado.
Al tiempo que se presentaron esos ataques, dos mujeres m谩s denunciaron lesiones provocadas por otros familiares, aunque el n煤mero pudo ser mayor, ya que muchas no se atreven a informar a las autoridades por miedo a sus agresores o a la verg眉enza p煤blica.
La Personer铆a de Cali indic贸 que cada cuatro d铆as una mujer es asesinada en la ciudad y la cifra super贸 los 82 cr铆menes el a帽o pasado.
Adalgiza Charria, abogada y comunicadora social, adem谩s de activista de la Fundaci贸n Mujer Arte y Vida (Mavi), asegura que es ir贸nico que una ciudad como Cali, pionera en movimientos en favor de las mujeres, viva una situaci贸n de esta magnitud.
“En Cali la gente a煤n desconoce que los movimientos viviendistas, con los que las clases populares obtuvieron tantos beneficios en esta ciudad, fueron liderados en gran parte por mujeres. La Administraci贸n ha sido mezquina en reconocer a las mujeres”, sostiene Charria. Y recuerda que “Cali fue de las primeras ciudades que puj贸 por el voto de las mujeres, la nuestra ha sido una lucha silenciosa y efectiva”.
En Cali, hasta fines de octubre se hab铆an registrado 1.035 homicidios, de ellos 969 hombres y 66 a mujeres, ocho de ellas menores.
Para la Fundaci贸n Mavi, con 16 a帽os de experiencia en el 谩mbito del debate sobre la condici贸n de la mujer en la ciudad, 17 de esos casos fueron comprobados como feminicidios, pero muchos de ellos se mantienen en la impunidad.
Patricia Giraldo, psic贸loga que ha trabajado con mujeres v铆ctimas de desplazamiento, considera que en la ciudad el machismo es una condici贸n arraigada. “Hay mujeres que vienen de Cauca, Nari帽o y otras partes. Muchos hombres creen que por ser de otras regiones y recibirlas pueden hacer con ellas lo que deseen”, alerta.
La psic贸loga Patricia Mondrag贸n, conocedora del tema de violencia en menores, dice que en las conductas agresivas hacia el g茅nero femenino se pueden establecer dos vertientes: patrones de crianza permisivos, casi siempre desde la l铆nea materna, en la angustia para que al hijo no le falta nada o que ante la falta de padre le da gusto en todo. El ni帽o asume que relacionarse con la mujer es imponerse, obligar. Otra l铆nea dice que en la infancia hubo un maltratador y en una etapa posterior hay esa conducta agresiva hacia la mujer como resentimiento por la madre que no lo defendi贸.
Para Elizabeth G贸mez, autora de 'Ni 谩ngeles ni demonios, hombres comunes', libro que explica los problemas culturales por los que en Cali los hombres se comportan as铆, el problema se resuelve con educaci贸n y cultura, de lo contrario el hombre seguir谩 considerando que tiene una posici贸n dominante.
“A煤n conservamos la cultura del narcotr谩fico, es m谩s reciente de lo que se cree, porque la imagen que tenemos es la de la mujer como trofeo, de los accesorios que un hombre lleva”, sostiene esta soci贸loga de la Universidad Aut贸noma.
Asegura que desde hace dos a帽os hay una pol铆tica p煤blica de la Alcald铆a con una ruta para atenci贸n a las mujeres que denuncian. “Tal vez no sea la ciudad donde m谩s se cometen estos casos, sino en la que m谩s se denuncian. Y as铆 son m谩s visibles”.
De izquierda a derecha, Jos茅 Esteban Hern谩ndez, Federico Galvis, Natalio Pinto, Santiago Toledo y Daniel Casta帽o se prepararon en talleres para la pr谩ctica de bordado de hoy. Julio Romero.
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62 hombres bordar谩n hoy los nombres de mujeres muertas
Ver a cinco hombres cosiendo impacta. Entre sus manos, hilos de colores, telas, agujas. Bordan nombres rojos, negros, azules: Rosa Elvira, Ver贸nica del Carmen, Fabiola, Betty. Todas ellas est谩n muertas. Las mataron hombres como ellos, los que bordan. “Hay hombres cuyas manos las han asesinado, pero con las nuestras queremos hacer una reparaci贸n", dice Natalio Pinto, 38 a帽os, un comunicador digital peruano que vive en Cali hace m谩s de una d茅cada. “Decidimos protestar a trav茅s del bordado porque en el modelo machista se piensa que es una actividad de las mujeres, pero los hombres no pierden ninguna masculinidad por hacerlo”.
Protestan porque las cifras de asesinatos a mujeres son alarmantes. Seg煤n el Observatorio Social de Cali, cada a帽o es asesinado un promedio de 106 mujeres, es decir, casi 9 cada mes. Medicina Legal habla de 16 mujeres agredidas por golpes, armas blancas y disparos, cada 24 horas. La cifra redonda: 400 mujeres han muerto en Cali en cinco a帽os. Es como si borraran las viviendas de alrededor de la colina de San Antonio de un plumazo.
Y las han desechado como si fueran menos que un trapo viejo. Tiradas en ca帽aduzales, en zanjas, desmembradas, violadas. Tan solas, tan fr谩giles que ellos, decidieron hacer algo. Cinco instituciones –Fundaci贸n Mujer, Arte y Vida (Mavi), la Red Nacional de Mujeres, Reparando Ausencias y el C铆rculo de Hombres– se unieron para denunciar y exigir ante las autoridades, visibilizar el problema, decirles a las mujeres que no est谩n solas, que ellos s铆 las defienden.
Con el bordado que se realizar谩 hoy en el Bulevar del R铆o a las 4:30 p. m., estos 62 hombres –un n煤mero que significa el total de mujeres asesinadas entre enero y septiembre de este a帽o– reparan ausencias. Estar谩n hoy en el Bulevar del R铆o, tejiendo y recordando. Otros d铆as han salido abrazados con prostitutas y mujeres trans para estremecer conciencias. Han representado a viudas en obras de teatro.
“Todo asesinato es escabroso, pero es muy grave que maten a mujeres por ser mujeres. El hombre las ha visto como una propiedad y algunos dicen: ‘Esta es mi mujer’”, dice Daniel Casta帽o, de 25 a帽os, estudiante de Teatro y Bellas Artes.
"Yo soy cocinero y se cree que es solo para mujeres, pero la masculinidad no tiene que ver con los oficios”, comenta Jos茅 Esteban Hern谩ndez, otro bordador. A sus 20 a帽os es chef, y su madre, Adriana Arias y activista de Mavi, lo entusiasm贸 para que aprendiera a bordar para el ‘performance’ de hoy. La bordada tiene su raz贸n de ser. Es quiz谩s uno de los oficios m谩s antiguos, pero tiene un significado especial: en las cruzadas, cada guerrero cabalgaba con su escudo tejido. Es poder, permanencia, control y s铆mbolo. Es identidad. Y ellos bordan nombres de personas que fueron y no deben ser olvidadas.
Castigos por feminicidio
Natalio Pinto bordar谩 el nombre de Rosa Elvira Cely, la mujer que en el 2012 fue violada, torturada y golpeada en el parque Nacional de Bogot谩, hasta causarle la muerte. Su cruel asesinato dio origen a la ley que lleva su nombre y por el cual el feminicidio (cr铆menes cometidos contra las mujeres por el hecho de serlo) es un delito aut贸nomo con penas de hasta 50 a帽os.
La mayor铆a de casos se archivan, de acuerdo con la Personer铆a. Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO
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Cali, en la b煤squeda de rutas efectivas para la atenci贸n a mujeres agredidas
El principal agresor de las mujeres en Cali, seg煤n la Personer铆a, se encuentra en su hogar; las comunas m谩s afectadas son la 6, 13, 14 y 15.
En la definici贸n de una ruta de atenci贸n para las denuncias ha sido clave la Mesa Municipal de Mujeres, destaca Milena Barco, una profesional y activista.
La tarea de promoci贸n todav铆a no se ha concretado a plenitud. No faltan los casos de mujeres que se estrellan con la falta de apoyo para denunciar y para ser atendidas.
La Personer铆a afirm贸 que una de las barreras que tienen ellas para que se capture y se condene a sus agresores es que, por ejemplo, en la unidad que lleva los delitos sexuales en la Fiscal铆a de Cali solo hay siete fiscales que se encargan de investigar, imputar y acusar. Estos fiscales, de acuerdo con el informe, tienen una carga de 250 expedientes y 30 juicios mensuales.
Lo que ocurre en Cali no es tan aislado de las principales capitales de Colombia. Entre enero y junio del a帽o 2015, de acuerdo con el Sistema de Informaci贸n para el An谩lisis de la Violencia y la Accidentalidad en Colombia y el Sistema de Informaci贸n de Cl铆nica y Odontolog铆a Forense del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, se reportan 36.169 casos de violencia intrafamiliar contra mujeres, de los cuales 24.910 las v铆ctimas corresponden a mujeres; de esos casos el 86 por ciento (20.241) corresponden a violencia en pareja.
En cuanto a violencia sexual hay 10.463 reportes, de los cuales 8.886 corresponden a mujeres v铆ctimas, es decir el 84 por ciento del total de casos.
En el 2014 se practicaron 18.954 ex谩menes m茅dicos legales por violencia sexual, y de ellos 16.008 fueron practicados a mujeres, es decir el 84,8 por ciento, de acuerdo con la Revista Forensis del INML y CF.
Es de considerar que el 53 por ciento de v铆ctimas del conflicto armado que llegan a Cali son mujeres, en un 77 por ciento como consecuencia de desplazamiento, 12,8 por ciento de homicidios, 3,2 por ciento de amenazas y 2,8 de desaparici贸n forzada.
Es de considerar que el 53 por ciento de v铆ctimas del conflicto armado que llegan a Cali son mujeres, en un 77 por ciento como consecuencia de desplazamiento, 12,8 por ciento de homicidios, 3,2 por ciento de amenazas y 2,8 de desaparici贸n forzada.
“A partir del trabajo con diferentes personeros municipales del pa铆s se ha identificado que en la casas de justicia y comisar铆as de familia se presentan barreras de todo tipo para que las mujeres accedan a la justicia, pues hay restricci贸n en los horarios de atenci贸n, dificultades en la atenci贸n por falta de personal y capacitaci贸n con enfoque diferencial para brindar la orientaci贸n en los casos de violencias contra la mujer”, menciona el estudio de la Personer铆a.
Las denuncias por lesiones contra mujeres llenan los despachos judiciales y hace falta personal para atenderlos. Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO
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Fiscal铆a revisa casos por nexos con bandas y por l铆os de parejas
Como NN fue reportada la hermosa mujer hallada el 12 de junio en un ca帽aduzal en la v铆a Cali-Palmira y con impactos de bala en la cabeza. Dos d铆as despu茅s se conoci贸 que se trataba de la modelo Diana Alejandra Rinc贸n.
Hab铆a salido de su casa el d铆a anterior rumbo a una fiesta. A sus 22 a帽os, tras su participaci贸n en un concurso de la mejor cola. Ten铆a una carrera en ascenso como modelo y participado en videos, pero habr铆a quedado en medio de la disputa de mandos del narcotr谩fico y de las drogas sint茅ticas, con un tr谩gico final.
La vinculaci贸n de mujeres con el delito o con personas en l铆os judiciales son aspectos que las autoridades estiman estar铆an tras algunos homicidios de mujeres en Cali, adem谩s de asuntos pasionales.
El subdirector de la seccional del CTI, Edwar Rodr铆guez, expresa que se ha visto una tendencia en la relaci贸n de ellas con el delito, temas de narcotr谩fico y aspectos pasionales por infidelidades, separaciones y algunos por diferencias econ贸micas de pareja.
“En esos casos pasionales se puede hablar del t铆pico hombre posesivo, pero que en aspectos generales lleva una vida normal, apacible, de hogar y ‘mentalmente sano’; sin embargo, por alguna situaci贸n termina en un trastorno emocional agrediendo a su pareja y produciendo lesiones u homicidio, y eso se ve en todos los estratos sociales”, dice.
Otros tendr铆an que ver con la b煤squeda de alg煤n tipo de protecci贸n econ贸mica, seguridad o estatus en el que se inmiscuyen con j贸venes l铆deres de pandillas, del narcotr谩fico y otros delitos, y terminan siendo v铆ctimas de los l铆os de su pareja y ajustes en esos grupos criminales.
Feminicidio se debe probar para evitar la impunidad
El abogado y exfiscal Elmer Monta帽a expresa que “sin desconocer a mujeres asesinadas por su pareja en una reacci贸n violenta del hombre machista, en la mayor铆a de estos cr铆menes no hay judicializados ni condenados, no est谩n esclarecidos y no se pueden establecer conclusiones”.
Dice que de acuerdo con los medios judiciales, muchos casos tiene que ver con estructuras criminales en las que no se respeta sexo, edad ni condici贸n social. “El sicario cumple una orden sin mirar contra qui茅n. La tendencia de se帽alar m谩s de un caso con feminicidio lleva a crear mitos urbanos, del desequilibrado, el sujeto en particular y puede desviar la investigaci贸n y llevar a la impunidad”, dice.
Cuando el amar se vuelve un poder
En un juego, un joven le contaba a un amigo que ‘apu帽al贸’ a su mujer porque ‘le pon铆a los cachos’. El otro le coment贸 que el d铆a que ellas hicieran lo mismo, m谩s de uno estar铆a en un hospital, muerto o ‘como un cierre’.
Norma Luc铆a Berm煤dez, del colectivo ‘Reparando ausencias’, que re煤ne nueve grupos de mujeres y hombres, dice que esa charla refleja una cultura que ense帽a a amar como forma de posesi贸n. “En el 煤ltimo a帽o se ha recrudecido la violencia f铆sica de pareja, de patadas y otras formas. Y Cali tiene un triste resurgir de ataques con 谩cido a la cara y otras partes del cuerpo, algunas veces por hombres y otras por mujeres o que ellas contratan al agresor”, se帽ala.
Coincide con otros investigadores en que no se puede decir cu谩ntos de los 71 homicidios de este a帽o se configuran como feminicidios, “pero cuando se ve el historial hay dos o tres idas a la comisar铆a de familia”.
“No hablamos de un tipo loquito, de un hombre que tenga un perfil de agresivo o bravo. Se han encontrado concejales, empresarios, militares, hombres exitosos involucrados en cr铆menes terribles o lesiones. No son cr铆menes pasionales, sino feminicidios. Se piensa en el agresor de bajos recursos y que fue maltratado y no siempre es as铆. Por el contrario, hay privilegiados con baja tolerancia a la frustraci贸n que no aceptan que se termin贸 una relaci贸n”.
Adem谩s, se帽ala que las relaciones de poder como enfermedad social empiezan en el hogar con controles sobre el tel茅fono, las redes sociales, la espera a la salida y la vida misma.
Tambi茅n est谩 el poder de tener armas, una situaci贸n que se da no solo con los grupos ilegales, sino con militares, polic铆as, vigilantes y civiles con permiso de porte.
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