El Cronic贸n
El prop贸sito del neoliberal gobierno de Juan Manuel Santos, representante de lo m谩s rancio de la oligarqu铆a colombiana con el proceso de paz que est谩 en plena marcha con la insurgencia de las FARC y el que est谩 por comenzar con el ELN es muy claro: desmovilizar a estas guerrillas no solo militar, sino pol铆tica e ideol贸gicamente, y de esta manera asimilarlas al decadente establecimiento o cooptarlas para bloquear cualquier posibilidad de cambio en Colombia. Esta interesante lectura la hace un "colombian贸logo" que ha aprovechado su s贸lida formaci贸n en Ciencias Sociales para estudiar pormenorizada y minuciosamente la conflictiva historia socioecon贸mica de este pa铆s andino gobernado desde su emancipaci贸n por una elite de derecha fundida en un corrupto bipartidismo liberal-conservador que hoy por simples afanes electorales se ha travestido en varios seudo partidos con signo neoliberal, la mayor parte de los cuales con proceder mafioso, y cuyo 煤nico prop贸sito es esquilmar las arcas del Estado para el beneficio concupiscente de sus maleantes dirigentes.
Jos茅 Antonio Guti茅rrez Dant贸n, un activista e investigador social venido del Cono Sur que reside en Dubl铆n, la capital irlandesa, comprometido con el trabajo de los movimientos sociales y populares de Am茅rica Latina, es un estudioso a fondo de la realidad colombiana. Por esa raz贸n le cae muy bien el calificativo de "colombian贸logo", no solo porque se ha metido en los entresijos del devenir hist贸rico del pa铆s sino que lo ha recorrido, lo ha palpado, pasando temporadas, pulsando la opini贸n de dirigentes pol铆ticos, sociales y comunitarios, y siendo testigo directo de sus horrores y tambi茅n de sus cualidades.
Sus trabajos period铆sticos y bibliogr谩ficos se caracterizan por su agudeza en el an谩lisis y su seriedad en las denuncias. En varias oportunidades su 谩gil pluma la ha utilizado para denunciar el terrorismo de Estado en Colombia y la complicidad (y/o cooperaci贸n) de los Estados Unidos y la Uni贸n Europea en la comisi贸n de este tipo de cr铆menes.
En Irlanda trabaj贸 en un centro de solidaridad con Am茅rica Latina; es colaborador de varias publicaciones internacionales; autor del libro Problemas y Posibilidades del Anarquismo (en portugu茅s, Faisca ed., 2011) y coordinador del trabajo bibliogr谩fico Or铆genes Libertarios del Primero de Mayo en Am茅rica Latina (Quimant煤 ed. 2010). Actualmente desarrolla una investigaci贸n doctoral sobre violencia y tejido social en Colombia y da clases en Trinity College en Dubl铆n.
Dado su amplio conocimiento de la realidad colombiana y el hecho de que viene siguiendo en detalle el proceso de paz entre el gobierno de Santos y la insurgencia de las FARC, y el que se avizora con el ELN, el Observatorio Sociopol铆tico Latinoamericano www.cronicon.net lo invito al siguiente di谩logo period铆stico.
COMPROMETIDO Y SOLIDARIO CON LAS LUCHAS SOCIALES DE COLOMBIA
- ¿Un latinoamericano venido del Cono Sur como usted, por qu茅 se interes贸 en un pa铆s de la conflictividad y complejidad social, pol铆tica y econ贸mica como Colombia?
- Fue en un comienzo por cosas personales. Tengo lazos personales, de amistades, proximidades pol铆ticas, familiares con Colombia. Conocer gente, lazos que se van tejiendo y despu茅s ac谩 en Irlanda, conocer colombianos con quienes entablamos un trabajo solidario y desde entonces que ha sido venir trabajando el tema. Trabaj谩ndolo en espacios de incidencia y en todo el tema solidario, trabaj谩ndolo desde la investigaci贸n social comprometida, trabaj谩ndolo porque uno entiende la importancia que tiene Colombia para toda Nuestra Am茅rica. Conocer a Colombia es amarla y amar sus luchas, amar esa Colombia profunda, esas mil comunidades que se descuelgan por las laderas del Andes en su fase ag贸nica, que aparecen como hongos en medio de la selva. Conocer la historia de Colombia es solidarizarse con el sufrimiento de su pueblo pero tambi茅n con su resistencia. Quien conozca el horror que se ha vivido en Colombia de la mano de una estrategia sistem谩tica y constante de represi贸n y despojo a la poblaci贸n sobretodo rural, no puede cerrar sus ojos. Colombia es uno de los 煤ltimos Estados olig谩rquicos, con la clase dominante m谩s sangrienta del hemisferio, y sin embargo, en medio de esa descomposici贸n, los de abajo han logrado construir nichos de resistencia, experiencias de poder popular donde se alcanza a entrever lo que Colombia podr铆a ser. Hay una Colombia hermosa que espera nacer y uno trata de aportar su granito de arena para facilitar su parto.
- ¿Irrumpe una nueva realidad pol铆tica territorial con la inserci贸n de las Farc a la legalidad del Estado colombiano?
- Eso est谩 por verse. En el proceso de paz, que depende en 煤ltima instancia del terreno concreto de la lucha de clases, nada est谩 escrito en las estrellas, ni es irreversible ni nada es fatal. De por s铆, el proceso de paz es un proceso pol铆tico muy importante, pero a煤n no est谩 resuelto. Faltan cosas y algunas de grueso calibre, como concluir la discusi贸n sobre la tierra, refrendaci贸n y mecanismos de implementaci贸n de los acuerdos. En el tema de tierra quedan en el congelador temas claves como la concentraci贸n y extranjerizaci贸n de tierras. Est谩 tambi茅n el tema del desmonte del paramilitarismo y la doctrina de seguridad militar, as铆 como el qu茅 hacer con ese ej茅rcito hipertrofiado y contrainsurgente que se ha hinchado como un tumor en la estructura del Estado en m谩s de medio siglo de guerra. Tambi茅n es clave el tema de si habr谩 o no Asamblea Constituyente, porque de ser as铆, no ser铆a sencillamente que las FARC se incorporen a la legalidad del Estado, sino que ayudar铆an a crear una nueva legalidad. La implementaci贸n no es tampoco algo menor, porque ya vemos que el gobierno borra con el codo lo que escribe con la mano. Ya han comenzado problemas de c贸mo interpretar los alcances de los acuerdos y esto es algo que se puede agudizar a medida que el acuerdo final se vaya concluyendo…, esto sin mencionar el problema clave de si el gobierno cumplir谩 lo pactado, dar谩 garant铆as a la participaci贸n legal de los insurgentes y un largo etc茅tera… Todo eso est谩 por verse, nada est谩 inconcluso y depende de c贸mo se resuelvan las contradicciones y los asuntos pendientes si irrumpir谩 una nueva realidad o no.
De m谩s est谩 decir que el Estado y la oligarqu铆a no quieren que irrumpa una nueva realidad, quieren mantener el statu quo a sangre y fuego y, de hecho, profundizar el modelo neoliberal-rentista-
PULSIONES DE LA IZQUIERDA COLOMBIANA
- ¿Es viable que si la insurgencia de las Farc al transformarse en movimiento pol铆tico pueda tener posibilidades de consolidaci贸n cuando el sistema electoral corrupto y hegem贸nico colombiano es un obst谩culo para la concreci贸n de verdaderas alternativas de poder?
- La izquierda colombiana se mueve entre dos pulsiones, por as铆 decirlo. Por una parte, est谩 el Polo que cuestiona ante todo la exclusi贸n pol铆tica, y que busca una inclusi贸n, es decir, ampliar el reparto de la torta que ya existe. Ese ha sido el discurso tradicional de raigambre liberal, que cala mucho en ciertos espacios. Por otra parte, est谩 la pulsi贸n transformadora, que no busca ya repartir un poco m谩s equitativamente la torta, sino que busca otra cosa, construir una realidad pol铆tica y econ贸mica distinta. No es que n铆tidamente se pueda distinguir a unos de otros, porque por lo general se trata de un asunto de 茅nfasis. En general, cuando la izquierda ha logrado espacios dentro del edificio del poder, sea en gobiernos locales u otros espacios, salvo muy contadas y honrosas excepciones, sus pr谩cticas no se han diferenciado mucho de las de los pol铆ticos tradicionales. Sea por el peso de la tradici贸n o por mero oportunismo, muchas veces la izquierda en el poder ha terminado reproduciendo los vicios liberales, los vicios conservadores. No han sido tan distintos, y eso quiz谩s no es casual, porque las estructuras pol铆ticas que nos gobiernan est谩n construidas para reproducirse y perpetuar el orden vigente. Tienden al conservadurismo y por eso es que romper con ese ciclo implica un esfuerzo transformador consciente y una vigilancia permanente, pues la inercia nos lleva a reproducir caudillismos, clientelismos, roscas, corruptelas y a forzar a las masas a la pasividad mientras la pol铆tica sigue siendo el patrimonio de los pocos escogidos, o electos.
Respecto al tema de las FARC-EP, es necesario aclarar que no se trata de su transformaci贸n en movimiento pol铆tico, porque ya lo son. Las FARC-EP son un movimiento pol铆tico-militar que se propuso hace m谩s de medio siglo, por medio de la combinaci贸n de formas de lucha, disputar el poder a la oligarqu铆a colombiana. Eso es la definici贸n de la pol铆tica por excelencia. Hay que evitar visiones normativas puestas en boga por ciertos soci贸logos franceses de que pol铆tica y violencia son extremos opuestos; hist贸ricamente est谩n enlazados y la construcci贸n misma de los Estados modernos ha sido un proceso violento. La violencia, monopolizada por la clase dominante y utilizada de forma dizque "leg铆tima" en contra de la movilizaci贸n popular cuando la lucha de clases se agudiza es prueba de que el ejercicio de lo pol铆tico no es necesariamente antag贸nico con la violencia. Pero volviendo al tema, las FARC-EP no solamente son un movimiento pol铆tico por sus aspiraciones y definiciones, sino por su misma pr谩ctica. Ning煤n otro sector de la izquierda colombiana, y hablo de la izquierda legal, ha tenido un impacto tan profundo en el pa铆s. Las FARC-EP han sido responsables de muchas iniciativas de democratizaci贸n desde los a帽os 80, partiendo por la elecci贸n directa de alcaldes y gobernadores, han planteado al debate muchos temas que tienen que ver con territorialidades, con el campesinado, con los ind铆genas, con la participaci贸n pol铆tica, con la soberan铆a alimentaria, con la pol铆tica econ贸mica, temas que, no debemos enga帽arnos, no se estar铆an discutiendo hoy de no ser por la lucha insurgente y por el proceso de paz que se ha conquistado mediante la lucha. El espacio que tengan para defender estos elementos transformadores, que coexisten con los elementos tendientes a la inclusi贸n en lo que ya existe, depender谩, en gran medida de la capacidad que tenga el pueblo consciente de consolidar ese espacio. Su consolidaci贸n, como todo en este proceso, no ser谩 ni casual ni accidental. Por eso preocupa ver un cierto reflujo y desgaste del movimiento popular, pues solamente la vitalidad de las luchas sociales es lo que puede garantizar que ese espacio se consolide y que se imponga la pulsi贸n transformadora, que no ser谩 un proceso ni corto, ni f谩cil, y el cual enfrentar谩, con toda certeza, los incumplimientos del Estado y la violencia del bloque en el poder.
- ¿Dada la penetraci贸n territorial de las Farc se podr铆a prospectar que su consolidaci贸n pol铆tica va a comenzar en las regiones?
- Colombia es, de por s铆, un pa铆s de regiones, que no ha transitado ni siquiera un siglo de los primeros intentos tibios por articular internamente su econom铆a y su estructura pol铆tica. Las FARC-EP han construido poder y han construido legitimidad en muchas zonas de la geograf铆a colombiana, por lo general coincidentes con las llamadas "zonas rojas". Eso no es secreto para nadie. No parten de cero, sino con un s贸lido acumulado pol铆tico en zonas muy espec铆ficas, entre una base social de apoyo precisa, humilde, pero real y con mucha decisi贸n, aunque los medios de masas y propaganda lo nieguen. Es l贸gico que en esas zonas donde la poblaci贸n las conoce y ellas conocen a la poblaci贸n, la insurgencia pueda comenzar a consolidar su proyecto pol铆tico, que es algo que vienen haciendo ya desde hace d茅cadas, en medio de aciertos y errores.
C贸mo se va a armonizar ese tejido social que se ha construido en d茅cadas de disputarle la hegemon铆a el Estado, con las exigencias de la incorporaci贸n de los insurgentes a la legalidad, es un asunto muy delicado que requerir谩 de ingenier铆a de alto nivel. Adem谩s, entendiendo que la participaci贸n pol铆tica no es, y no puede ser solamente, visto como el tema electoral. Es un asunto mucho m谩s profundo que eso, que implica procesos de empoderamiento, participaci贸n y deliberaci贸n a todos los niveles. C贸mo convertir谩n esas experiencias locales en g茅rmenes para articular una nueva visi贸n de pa铆s en la pr谩ctica, superando la desagregaci贸n y las brutales contradicciones internas e inter-regionales, ese es el desaf铆o.
EL ESTADO NO PUEDE TERMINAR OCULTANDO SU RESPONSABILIDAD HIST脫RICA
- ¿En su opini贸n, cu谩les son los pros y los contras de la jurisdicci贸n especial para la paz que se acord贸 entre el gobierno de Santos y las Farc?
- Lo primero, es decir que a煤n no se conoce el texto acordado, salvo por el comunicado conjunto que se difundi贸 con ocasi贸n de la visita del presidente Santos y del comandante Timole贸n Jim茅nez a La Habana. En general, lo positivo es el cambio de 茅nfasis de la justicia punitiva a la reparaci贸n. La sociedad ya ha sido demasiado castigada con el conflicto como para necesitar seguir sacando ojos y dientes. Dicho esto, es importante que la reparaci贸n sea vista en un sentido amplio -es decir, mediante la creaci贸n de una sociedad con niveles m铆nimos de justicia social. Es decir, que no solamente se restituyan predios, sino que se d茅 tierra al campesinado junto con una nueva pol铆tica agraria que d茅 respaldo al campesinado familiar en su proyecto de construcci贸n de territorio y no, como ocurre ahora, se subsidie solamente a los grandes cacaos de la agroindustria que est谩n forrados en plata. En este sentido, me preocupa mucho el anuncio del gobierno de expropiar a los campesinos de los Llanos del Yar铆, de zonas del Caquet谩 y del sur de Tolima, bajo el argumento que sus tierras o sus viviendas son de la "guerrilla". Eso va a contrav铆a del esp铆ritu de lo que se est谩 negociando, que es que la reparaci贸n salga de los sectores que realmente se han enriquecido con la guerra y de compromisos por parte del Estado. Pero la reparaci贸n, y eso es algo que incluso lo dijo en un momento de constricci贸n el comandante paramilitar HH, es, en realidad, permitir que se regenere el tejido social ah铆 donde lo violentaron atrozmente con paramilitares y con consolidaci贸n militar.
Hay otro componente que tambi茅n es muy importante, y fue otro de los puntos muy peleados por la insurgencia. Ese tema es la verdad. No solamente se avanz贸 en la constituci贸n de una Comisi贸n Hist贸rica del Conflicto y sus V铆ctimas que, desde diferentes y contradictorios 谩ngulos, hizo aporte para ir desmontando y dejando sin piso la ideolog铆a que se impuso desde el uribismo, de que las grandes responsables de todos los males del universo eran las FARC-EP. Aparecieron, en relatos de car谩cter oficial, historias de persecuci贸n pol铆tica, de campesinos sin tierras enfrentados a la violencia de la ley y de los matones a sueldo, de la influencia nefasta de los EEUU en la sangr铆a colombiana que mostraron un relato muy diferente a lo que repiten incesantemente los medios en la 煤ltima d茅cada. En esta ocasi贸n tambi茅n el 茅nfasis dado a la verdad es una deuda pendiente que el establecimiento tiene con la sociedad colombiana y que es condici贸n fundamental de una reparaci贸n y reconstrucci贸n de tejido social.
Subsisten muchas dudas, como si por ejemplo los cr铆menes de Estado como los llamados falsos positivos quedar谩n bajo este tribunal especial o no. Hay que recordar tambi茅n que la fuerza p煤blica se ha igualado ante este tribunal como equivalente a la insurgencia, lo que los beneficia enormemente, pues ellos nunca se declararon ni en rebeli贸n ni desconocieron la legalidad vigente. Queda por ver si la rebeli贸n terminar谩 siendo juzgada en este tribunal o si, como dijera el escritor William Ospina, el Estado terminar谩 ocultando su responsabilidad hist贸rica por la violencia, y posando de v铆ctima que absuelve y perdona a su hijo pr贸digo. Queda por ver los alcances que tenga el juicio a civiles que han estado detr谩s de violaciones y cr铆menes atroces, y si quedar谩n blindados expresidentes o no. Pero todo esto es especulaci贸n porque no conocemos el acuerdo, m谩s all谩 de un comunicado muy parcial que se ha prestado para interpretaciones contradictorias.
- Si el "gobierno no ha desparamilitarizado la sociedad" colombiana como bien anota el exmagistrado auxiliar de la Corte Suprema de Justicia, Iv谩n Vel谩squez, y no obstante los manidos anuncios del decr茅pito y corrupto establecimiento de que dar谩 todas las garant铆as a la insurgencia en el proceso de reintegraci贸n, ¿se corre el riesgo de que se repitan magnicidios como el de la Uni贸n Patri贸tica?
- Claro que s铆, y los s铆ntomas est谩n por todas partes. Todos los d铆as pr谩cticamente escuchamos de dirigentes sociales capturados, asesinados, amenazados. El problema real, como siempre lo hemos dicho, no es si la insurgencia deja o no las armas. El problema es que la oligarqu铆a deje de practicar el terrorismo de Estado y la guerra sucia. De momento eso no se ve. Y el paramilitarismo sigue vivo, y sigue haciendo lo 煤nico que sabe hacer. Es un tema que debe ser abordado de lleno y sin mojigater铆a, dejar de hablar de Bacrim y afrontar la realidad, y es que tanto en sus or铆genes como en su diario accionar, el paramilitarismo est谩 铆ntimamente ligado al Estado. Es por tanto un tema ante el cual Santos no se puede lavar las manos cual Pilatos.
LA OLIGARQU脥A ESPERA QUE LA INSURGENCIA SEA ASIMILADA
- Desde su 贸ptica, un pa铆s con estructuras sociopol铆ticas ultraconservadoras como Colombia que predica el unanimismo, el consenso, que rechaza de plano la polarizaci贸n pol铆tica por considerarla peligrosa y desestabilizadora, ¿estar铆a en condiciones de aceptar una alternativa de claro rasgo socialista como las Farc, una vez renuncie a la lucha armada?
- Yo creo que, as铆 como est谩n las cosas, no. La oligarqu铆a espera que la insurgencia sea asimilada. Esa es su esperanza. Buscan desmovilizarla no s贸lo militarmente, sino pol铆tica e incluso ideol贸gicamente. Si las FARC-EP intentan forjar una alternativa socialista sin el recurso a la lucha armada, no espero que la institucionalidad lo acepte f谩cilmente. Por eso es que la lucha por consolidar ese espacio pol铆tico para una alternativa es una lucha muy dura. Es una lucha que, es tremendo decirlo, costar谩 sangre. No porque el pueblo lo elija, sino porque el Estado tiene armas y tiene la disposici贸n de utilizarlas ante el menor cuestionamiento a los privilegios de la casta dominante. Que las FARC-EP renuncien a la lucha armada no significa que el Estado vaya a hacerlo. En muchas comunidades hay verdadero nerviosismo de qu茅 pasar谩 cuando los "muchachos" ya no est茅n…, qu茅 va a pasar con las tierras, las multinacionales que vienen por los recursos, y muchos otros problemas para los cuales, de una u otra manera, la insurgencia hasta este momento ha sido un cierto dique de contenci贸n. Es una realidad que debe ser afrontada y denunciada. Con la paz se vienen nuevas batallas, que se pelear谩n desde otras l贸gicas y con otras herramientas por parte del pueblo, pero seguir谩n siendo batallas. El conflicto de clases que est谩 en la ra铆z del "otro" conflicto, aparecer谩 al desnudo tras el proceso de paz.
El Estado puede hacer espacio para figuras polarizantes como Uribe, pero no puede aceptar la lucha transformadora. Es un Estado paquid茅rmico, autista, que ha sido totalmente impermeable a las demandas populares en m谩s de medio siglo. Cualquier cambio que puede concebir, son cambios a煤n m谩s hacia la derecha. Es dif铆cil que los cambios necesarios para conquistar ese espacio se logren en unos meses o incluso en unos a帽os. No podemos hacernos ilusiones y pensar que ahora s铆 la oligarqu铆a va a jugar limpio. La oligarqu铆a no va a dar por las buenas lo que no ha dado en medio siglo por las malas. Pero dependiendo de c贸mo se desenvuelvan las contradicciones del proceso de paz, se estar谩 en una posici贸n m谩s o menos favorable para asumir la lucha por conquistar ese espacio, para luchar por esa alternativa. Solamente la fuerza organizada del pueblo es una barrera en contra del terrorismo. Esa es la 煤nica garant铆a, ni las mejores leyes del mundo, ni las instituciones m谩s perfectas podr谩n servir de freno a la violencia de los de arriba. Solamente la fuerza organizada del pueblo ser谩 una barrera contra esa violencia, y ser谩 el espacio que, dependiendo de su fuerza, pueda garantizar el espacio para una alternativa. No existe ninguna otra garant铆a que esa.
- El poder hegem贸nico del gobierno de Santos ha logrado imponerle a las Farc que negocie en los t茅rminos de sus reglas de juego, bajo el ardid de que hay que respetar el supuesto "Estado de Derecho" y la Constituci贸n de papel que rige en Colombia. ¿En t茅rminos de hegemon铆a, no le recuerda a usted al asesor de Augusto Pinochet, Jaime Guzm谩n, art铆fice de la Constituci贸n del dictador y genocida chileno, que afirmaba que lo importante de expedir una Carta Pol铆tica es que si en la eventualidad de que gane el adversario se lo amarre de tal manera que tiene que gobernar tal y como lo hace quien est谩 detentando el poder?
- Claro que el paralelo es pertinente, con la salvedad de que la posibilidad de ganar del adversario era mayor en el caso chileno que en el colombiano. Aun as铆, la oligarqu铆a est谩 buscando bloquear cualquier posibilidad de cambio y Santos se est谩 encargando de apaciguar los 谩nimos de las 茅lites econ贸micas, tanto en Colombia como en el extranjero, diciendo que no habr谩 ning煤n cambio y que antes bien, las condiciones se har谩n m谩s favorables para el enriquecimiento de los ricos. Del mismo modo, advierte constantemente a los insurgentes que el modelo no es negociable. Negociar en estas condiciones es una apuesta compleja y de eso est谩 consciente todo el mundo. En el caso chileno, el problema se zanj贸 en que los nuevos grupos en el poder, agrupados en la Concertaci贸n, administraron el orden institucional y econ贸mico dise帽ado por la dictadura durante m谩s de dos d茅cadas y a煤n est谩n en eso. No tienen un inter茅s en transformar ese sistema, porque fueron totalmente cooptados y ese sistema los trata bien. El Partido Socialista, de socialista ya no tiene nada salvo el nombre. Y muchos en su interior piden incluso renunciar al nombre.
Uno espera que en Colombia el resultado sea diferente. Este es un proceso dial茅ctico, sin embargo, en el que, como he insistido, nada est谩 determinado de antemano. Es cierto que las FARC-EP no llegaron a la negociaci贸n vencidas, pero eso no significa que no puedan salir vencidas de la mesa. De igual manera, aceptar la mesa de negociaci贸n en los t茅rminos que est谩 planteada no equivale a traici贸n ni claudicaci贸n, precisamente porque ac谩 no hay fatalidad por encima del proceso mismo. La negociaci贸n es, como toda negociaci贸n, un proceso, un equilibrio cambiante de fuerzas, un tira y afloje en el que influyen muchos factores estructurales, coyunturales, contingentes…, es sencillamente el reconocimiento de las potencialidades del momento, que se gest贸 desde la espiral ascendente en las luchas populares desde el 2008 en adelante, as铆 como en el reacomodo pol铆tico-militar que tuvo la insurgencia en ese mismo per铆odo, que dio golpes muy duros al bloque olig谩rquico. La insurgencia utiliza este momento para ver c贸mo se supera el actual ciclo de violencia, as铆 como la oligarqu铆a, naturalmente, utiliza este momento para ver c贸mo puede recomponer su hegemon铆a que ha sido parcialmente erosionada... pero as铆 como se reconocen las potencialidades del momento, tambi茅n se reconocen las limitaciones del movimiento insurgente, y los t茅rminos de la negociaci贸n son un claro testimonio de las enormes limitaciones que tiene, de la debilidad y fragmentaci贸n del movimiento popular, a煤n en medio de su repunte. Aunque haya potencialidades de momento, no podemos olvidar que los dados est谩n cargados hacia el bloque olig谩rquico. Eso es un an谩lisis objetivo, nos guste o no.
Lo m谩s preocupante es el actual reflujo y la desmovilizaci贸n creciente en el campo popular, en parte para no desestabilizar al gobierno en medio de la negociaci贸n, en parte por una estrategia que ha privilegiado lo electoral por sobre otros escenarios de acci贸n, por los desgastes de negociaciones que no han dado los frutos esperados, entre otras razones… Esto es preocupante, porque la potencialidad de cambio yace en la capacidad de movilizaci贸n que tenga el sector popular. En la medida en que el pueblo se desmovilice, se fortalece la mano del gobierno y se debilita el peso que puedan tener las demandas populares en la mesa, garantizando as铆 un resultado m谩s conservador para el acuerdo final, que quiz谩s ni siquiera satisfaga la demanda de una reforma agraria, por humilde que sea.
FALTA CONCRETAR METODOLOG脥A DE NEGOCIACI脫N CON EL ELN
- ¿En su concepto qu茅 hace falta para que las negociaciones entre gobierno y ELN comiencen formalmente?
- Al igual que con otros temas de esta entrevista, le respondo con las opiniones que me he formado con lo que conozco, que es en base a documentos p煤blicos, pues carezco acceso a fuentes privilegiadas de alto nivel en ambas negociaciones. Lo que entiendo, es que las negociaciones est谩n trabadas porque ha habido dificultades para ponerse de acuerdo sobre la metodolog铆a de negociaci贸n, que el ELN, al parecer, propone que sea mucho m谩s abierta y participativa que la que se est谩 realizando ahora con las FARC-EP, negociando algunos puntos con participaci贸n directa de movimientos sociales y comunidades afectadas. Hay que recordar que para el gobierno la participaci贸n social es un tab煤, no solamente porque la oligarqu铆a colombiana es fundamentalmente anti-democr谩tica, sino porque adem谩s busca evitar que el contexto de las negociaciones sirva para despertar esa vocaci贸n transformadora en el pueblo colombiano, y para evitar que la insurgencia tienda puentes pol铆ticos con la sociedad. Prefieren tenerlos en cuarentena en La Habana, o en Ecuador en el caso del ELN, y evitar situaciones como las que se vivieron con las audiencias en El Cagu谩n. Los espacios de participaci贸n, como los foros sobre cuesti贸n agraria, participaci贸n pol铆tica, v铆ctimas, entre otros, fueron aceptados por el gobierno a rega帽adientes. Fueron, en realidad, resultado de la presi贸n de las FARC-EP, lo que hace que por m铆nimos que hayan podido ser, por insuficientes que muchos crean que hayan sido, tambi茅n hayan sido muy significativos a la vez.
Es importante se帽alar que el ELN es un movimiento guerrillero con su propia trayectoria, con su propio acumulado, con su propia l贸gica, y con su propio proyecto de pa铆s, que responde a demandas espec铆ficas de sectores que no necesariamente est谩n representados en las FARC-EP. En este sentido, no puede entenderse, como parece que lo entiende el gobierno, la negociaci贸n con los "elenos" como un asunto menor, que se solucionar谩 r谩pido, que es algo as铆 como un ap茅ndice de la negociaci贸n con las FARC-EP. Lo m铆nimo que se le debe exigir al gobierno es seriedad en esta negociaci贸n, porque en ella se resuelven aspectos important铆simos del futuro de Colombia. Tampoco debemos olvidar que el EPL a煤n existe en una zona del pa铆s y que tambi茅n son un acumulado aparte que debe ser considerado en una negociaci贸n.
LECTURAS PARA LA RECONCILIACI脫N
- Todos los signos indican que este proceso de paz va a llegar a buen puerto por la voluntad pol铆tica demostrada por las partes. ¿Qu茅 elementos esenciales, en su opini贸n, debe revestir el posacuerdo para que una vez silenciados los fusiles, la reconciliaci贸n entre colombianos deje de ser una quimera?
- Primero que nada, me gustar铆a se帽alar que hay dos lecturas para la reconciliaci贸n, una como experiencia humana y otra en un sentido estrictamente pol铆tico. La reconciliaci贸n no se le puede imponer a las comunidades. Es una elecci贸n personal, humana, que no se puede exigir sino que se puede dar o no, y eso no es excusa para no buscar mecanismos para superar el actual momento. Lo que debemos buscar es la justicia y la no repetici贸n, y eso s铆 que es algo que debemos exigir. Hay cosas, en un nivel estrictamente pol铆tico, que no podr谩n reconciliarse y eso es parte de la pol铆tica. La negociaci贸n misma se da mediante el choque de dos visiones de Colombia radicalmente distintas: los acuerdos a los que se llegan no superan esta contradicci贸n vital, aunque reflejen el equilibrio de fuerza entre las partes, el cual es favorable al establecimiento. Los intereses de clase que est谩n en pugna en Colombia, como en cualquier otra parte del mundo, no son reconciliables y es importante se帽alar esto, pues la lucha de clases no es una mera ideolog铆a, ni la decisi贸n consciente de determinados sectores, sino que la din谩mica fundamental mediante la cual se mueve el capitalismo y cualquier sociedad de clases que haya existido. Esta pugna de intereses es un motor fundamental de la historia, que a diferencia de lo profetizado por los pitonisos del neoliberalismo, no se ha acabado.
Segundo, creo importante precisar lo que queremos decir cuando se dice que la voluntad pol铆tica est谩 siendo demostrada por las partes. La voluntad pol铆tica est谩 condicionada por lo que se quiere obtener de este acuerdo. Cuando surgen interpretaciones contradictorias entre las partes a partir de un acuerdo que sigue siendo secreto, como ocurri贸 con el reciente acuerdo sobre justicia, hay razones para estar cauteloso. No hay que olvidar que el Estado colombiano, y en particular el gobierno de Santos, tienen un r茅cord de compromisos que no s贸lo no cumple, sino que se burla del pueblo e implementa pol铆ticas exactamente contrarias a lo que pact贸. Como dice el dicho, aparte de ladr贸n, buf贸n. Queda por ver, adem谩s, si los fusiles del gobierno se silencian, pues parece que los de la insurgencia s铆 se silenciar谩n, y existe bastante presi贸n sobre ellos para este efecto, incluso de los pa铆ses de izquierda latinoamericanos. Yo no creo, sin embargo, que el gobierno por s铆 solo vaya a cumplir, ni creo que a la "comunidad internacional" le vaya a preocupar mayormente que no le cumplan a la insurgencia, pues tienen demasiados intereses econ贸micos estrat茅gicos puestos en Colombia, y no har谩n ning煤n esc谩ndalo mientras Santos les cumpla a ellos -facilitando por ejemplo la inversi贸n en el 谩rea minero-extractiva. Por lo que he podido conversar con gente vinculada a la cooperaci贸n europea, parece que todo el mundo sabe que Santos no va a cumplir, que los acuerdos ser谩n constantemente pasados por alto y que habr谩 niveles de violencia en contra del movimiento popular que calificar谩n de "aceptables", como los que existen hoy en Guatemala. Y est谩n contentos con esta perspectiva.
Partiendo de esa base, que no se puede confiar en la buena voluntad de Santos porque hist贸ricamente la oligarqu铆a ha carecido de esa buena voluntad, hay que entender que el acuerdo que salga de estas negociaciones puede plantear un m铆nimo que unifique algunas demandas b谩sicas para el movimiento popular. Pero, como hemos dicho, el gobierno por s铆 solo no las cumplir谩. Lo 煤nico, y en esto hay que ser majadero, que puede lograr que ese acuerdo se cumpla, sino totalmente s铆 en gran medida, es la fuerza organizada del pueblo. Y para eso el pueblo tiene que entender la importancia que este acuerdo de paz tiene para s铆 y para su futuro. No debemos olvidar nunca que el acuerdo de paz es un primer paso en una lucha transformadora, no es el punto de llegada. Con pactar un acuerdo de paz que refleje el equilibrio de fuerzas entre las partes -actualmente desfavorable para el sector popular, pero susceptible de cambiar seg煤n la explosividad del escenario pol铆tico colombiano-, que refleje las potencialidades pero sobre todo las limitaciones, no tiene por qu茅 renunciarse a perseguir la construcci贸n del socialismo, de la sociedad emancipada, sin clases, ni la apuesta por la revoluci贸n social. Es sencillamente aceptar que ese camino es m谩s largo y enrevesado de lo que uno quisiera. El cuidado est谩 en no confundir lo t谩ctico con lo estrat茅gico, en no confundir las limitaciones del momento con el techo m谩ximo que debe tener nuestra imaginaci贸n pol铆tica. Ese fue el problema de procesos de paz anteriores, y los desmovilizados terminaron m谩s papistas que el Papa, a veces en posiciones ultra-conservadoras y aferrados a la Constituci贸n del 91 como si fueran las tablas de Mois茅s. Cualquier acuerdo que salga de la actual coyuntura, debe ser superado por la historia y el pueblo debe prepararse para superarlo, as铆 como para defender ese m铆nimo logrado de los ataques de los reaccionarios que no se cruzar谩n de brazos. Nada menos que ese acuerdo, pero s铆 seguir aspirando a mucho m谩s, creo que eso es lo m谩s importante. No abandonar la lucha transformadora de una realidad que seguir谩 siendo injusta y a la que hay que seguir resistiendo con los medios m谩s apropiados para el momento.
Fuente: http://www.cronicon.net/paginas/edicanter/Ediciones110/nota3.htm
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