Esta semana los n煤meros mostraron que Colombia se comporta de forma similar a econom铆as m谩s desarrolladas, s贸lo que en un aspecto para nada halagador. En el pa铆s, de acuerdo con el Departamento Nacional de Planeaci贸n, se pierde o se desperdicia el 34% de la comida. La cifra no dista mucho del 30 a 40 % de alimentos que se pierden en Estados Unidos, por ejemplo. Lo que Colombia bota, m谩s de nueve millones de toneladas al a帽o, es algo as铆 como la d茅cima parte de lo que toda la Uni贸n Europea desperdicia en un lapso igual.
Y pese a que la FAO, la Organizaci贸n de las Naciones Unidas para la Alimentaci贸n y la Agricultura, ha dicho que en los pa铆ses en desarrollo el desperdicio de comida por decisi贸n irresponsable del consumidor es algo que roza con el absurdo, en Colombia casi la quinta parte de los alimentos se echan a perder por culpa de los comensales o de la falta de previsi贸n de los supermercados. La misma FAO revel贸 esta semana que la comida que Am茅rica Latina desperdicia servir铆a para saciar 37 % del hambre del mundo, que, se calcula, afecta a 800 millones de personas.
Como dijo el DNP, las p茅rdidas en Colombia se generan en un 60 % sumando la ineficiencia en la cosecha y poscosecha. No todo es culpa del consumidor y lo es en menor medida de la industria. De hecho, esta 煤ltima echa a perder poco m谩s del 3 %, una cifra que ser铆a mayor sin la acci贸n de instituciones como los bancos de alimentos, que hoy son 19 en el pa铆s y recogen unas 20.000 toneladas de comida al a帽o, tanto de la industria –cerca de 700 empresas– como directamente de los productores en el campo.
Cubren 330 municipios y benefician a m谩s de medio mill贸n de personas, de acuerdo con la Asociaci贸n de Bancos de Alimentos de Colombia (Abaco). Pero realmente lo que logran salvar es poco en relaci贸n con el consolidado nacional de p茅rdidas, apenas el 0,2 %, a pesar de los esfuerzos. El Banco de Alimentos de Bogot谩, el m谩s grande del pa铆s, trabaj贸 en 2015 con m谩s de 2.000 voluntarios y 100 empleados que desde las 7 a.m. empiezan a recibir y despachar en ocho camiones los alimentos que terminan en las mesas de organizaciones que atienden poblaciones vulnerables.
Despu茅s de quince a帽os de gesti贸n, ese banco ha logrado una forma de sostenerse: pedir un aporte a las instituciones que reciben los productos que llegan donados equivalente al 10 % del valor comercial de dichos productos. Con el dinero, el mismo banco puede adquirir m谩s alimentos y pagar obligaciones como la n贸mina. Los recursos que llegan donados, en cambio, se destinan en su totalidad para comprar productos para repartir, seg煤n explic贸 en di谩logo con este diario el padre Daniel Saldarriaga, director ejecutivo del Banco de Alimentos de Bogot谩.
Lo cierto es que la comunidad internacional, los gobiernos y hasta el sector privado en los pa铆ses parecen estar tomando conciencia de la gravedad del fen贸meno del desperdicio, de cara a una creciente poblaci贸n urbana –casi 10.000 millones de personas en 2050, 70 % viviendo en las ciudades–, mientras la poblaci贸n rural, donde se concentra la producci贸n de alimentos, se reduce. Nacionalmente, de acuerdo con el DANE, la poblaci贸n del campo pas贸 de siete a cinco millones en casi una d茅cada.
La ONU, por ejemplo, prepara el 脥ndice Global de P茅rdidas y Desperdicios de Alimentos para que los pa铆ses cuantifiquen sus p茅rdidas y logren reducirlas. En Colombia, despu茅s de casi 17 a帽os de existencia de los bancos de alimentos, seg煤n Ana Catalina Su谩rez, directora de Abaco, “es la primera vez que de parte del Gobierno existe inter茅s sobre el tema. No hab铆a sucedido que 茅ste hablara de p茅rdida y desperdicio. Se empez贸 con el diagn贸stico”.
El padre Daniel Saldarriaga resalt贸 medidas como los beneficios tributarios que ha implementado el Gobierno. “Con la reforma se quiso que quienes donen a bancos de alimentos reconocidos tengan el 125 % de beneficio tributario, lo cual es una noticia bondadosa porque demuestra que no es mejor negocio destruir o botar, sino que somos un aliado para que con justicia hagamos llegar esos alimentos a quienes los necesitan”. Para Su谩rez, sin embargo, a煤n hay que atender los problemas estructurales del campo.
“Esperamos una mesa de trabajo la pr贸xima semana con el Gobierno para discutir acciones conjuntas. Somos parte de la soluci贸n, pero no toda. Si despu茅s de todo el esfuerzo de los agricultores, comercializadores, industria, hoteles, consumidores, el consumo no pudo ser, entonces entramos a hacer un rescate del producto”, dice Su谩rez. Y agrega que el circuito “normal” de la producci贸n y el consumo se debe garantizar con provisi贸n de infraestructura –una carencia culpable de gran cantidad de las p茅rdidas–, formaci贸n de productores e inteligencia de mercado.
En el mundo existen iniciativas como la que document贸 El Espectador en 2015, en uno de los encuentros de agricultura m谩s importantes del mundo, en Israel. Se trata de la creaci贸n de un centro mundial para la preservaci贸n de la comida. Su l铆der, Charles Wilson, despu茅s de un a帽o, asegur贸 que el proyecto se reforzar谩 con una conferencia en Nairobi, en 2017. Hoy han adherido 20 universidades del mundo, dispuestas a formar cient铆ficos de pa铆ses en desarrollo para que ideen soluciones de empaques, control biol贸gico, entre otros aspectos, para reducir las p茅rdidas poscosecha.
La idea de la conferencia mundial ser谩 atraer gobiernos, industria y acad茅micos que se comprometan con la causa. Si bien compa帽铆as como Maersk y Google han anunciado su apoyo, ha sido m谩s lento de lo esperado, dice Wilson, y faltan muchos cheques por firmar. Seg煤n 茅l, tomarse en serio la causa depende de reconocer el impacto de la propuesta: un 95 % de inversi贸n en la producci贸n genera 5 % de retorno, mientras que el 5 % de recursos dirigidos a la preservaci贸n puede dar retornos anuales del 40 %. En parte, tambi茅n reconoce, su idea es competencia para muchas otras organizaciones que trabajan en soluciones propias de cara al desperdicio de alimentos.
El sector privado en pa铆ses como Inglaterra tambi茅n est谩 tratando de revertir lo que el sistema ha engendrado: industrias, comercio y clientes quisquillosos. Como lo report贸 The Guardian esta semana, el movimiento busca motivar el consumo de productos “imperfectos” para atajar los 12 millones de toneladas que desperdician los brit谩nicos. Ana Su谩rez asegura que impregnarnos del movimiento Ugly Food (comida fea) es positivo: aprovechar alimentos raros, pero aptos para el consumo humano, como una zanahoria morada.
El DNP trabaja en sus recomendaciones para cada sector: buenas pr谩cticas en el sector productivo, almacenamiento, cadenas de fr铆o, sumadas a buenas redes de transporte y log铆stica, con estrategias de sensibilizaci贸n, para los comercializadores. A los consumidores, no comprar m谩s de lo que pueden consumir y mirar las fechas de vencimiento para planear mejor y no tener que botar nada. La directora de Abaco, por su parte, espera que el Gobierno se sume a la redacci贸n de un proyecto de ley que propone sancionar a quienes no tomen conciencia.
En su 煤ltima edici贸n, la National Geographic, en un reportaje sobre la labor de Tristam Stuart, uno de los mayores promotores de la causa de la comida fea, recomienda, por ejemplo, evitar el uso de bandejas en las cafeter铆as: quienes las usan, desperdician 32 % m谩s que quienes llevan los platos en la mano. Tambi茅n, usar aplicaciones m贸viles que generan recordatorios de la fecha de expiraci贸n de los alimentos, como FoodKeeper.
En Colombia, 42 % de la poblaci贸n est谩 en situaci贸n de inseguridad alimentaria, seg煤n Abaco, y de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud, 46 ni帽os han muerto por causas asociadas a la desnutrici贸n en lo corrido de 2016. La situaci贸n empeora con realidades bochornosas como el presunto fraude en la entrega de refrigerios escolares en Aguachica, Cesar, conocido hace unos d铆as. Dejar de desaprovechar la comida de una forma consciente y efectiva se perfila como un reto tan necesario como complejo.



