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Colombia: la banalizaci贸n de la cultura narco | #Opini贸n

Colombia: la banalizaci贸n de la cultura narco | #Opini贸n

Omar RiconLindolfo y Vaneza Pel谩ez…En vez de preguntarnos por qu茅 y c贸mo tienen 茅xito los narcos, nos escandalizamos por lo banal: sus mujeres bellas y sus v铆nculos con la far谩ndula. Los colombianos llevamos un narco en el coraz贸n: esta es nuestra cultura.

脫mar Rinc贸n*

Un pa铆s narco

Nuestra 茅tica a la colombiana tiene un criterio ambiguo: lo narco. Este adjetivo se usa para calificar negativamente nuestro gusto, nuestro exhibicionismo y la moral del todo vale, o sea para exhibir una superioridad moral sobre los otros.
Pero al mismo tiempo que juzgamos, gozamos y nos comportamos como narcos. En nuestra cultura del exceso, el billete se sube a la cabeza, las mujeres son para encamar, el poder se exhibe con armas, fiestas, mujeres, alcohol, drogas, autos, arquitectura y guarda-espaldas: una 茅tica de una sociedad que no sabe qui茅n es y por eso cada d铆a grita “¿usted no sabe qui茅n soy yo?”. Un grito de auxilio, ya que no sabemos, de verdad, qui茅nes somos. La verdad es que somos Narcolombia.

Far谩ndula y apariencias

Narcotraficante Colombiano, Pablo Escobar.
Narcotraficante Colombiano, Pablo Escobar.
Foto: Wikimedia Commons
Recientemente, una algarab铆a medi谩tica y moralista vincul贸 a Vaneza Pel谩ez, una presentadora de S谩bados Felices con el capo alias Lindolfo. Lindolfo era un buen muchacho “a lo Uribe”: un “empresario” que se comportaba como narco, que actuaba y se exhib铆a como narco. Pero solo hasta ahora nos dimos cuenta de que era narco.
En el esc谩ndalo se involucr贸 todo el jet set criollo: aparecieron v铆nculos con Daniela Ospina, la ex esposa del 铆dolo futbolista James Rodr铆guez e intervino el abogado celebrity Abelardo de la Espriella. La f贸rmula sigue siendo la misma: narco-mat贸n + modelo + f煤tbol + abogado + periodismo = esc谩ndalo medi谩tico.
Para Colombia, el esc谩ndalo no es que alias Lindolfo fuera narco. Nos escandalizamos porque ten铆a a una mujer bella.
Para Colombia, el esc谩ndalo no es que alias Lindolfo fuera narco. Nos escandalizamos porque ten铆a a una mujer bella, porque estaba vinculado con periodistas y estrellas de la far谩ndula. No nos importa el problema de fondo. Al final, todo es un asunto de apariencias.

Narco TV

El narco es potente y m谩gico para producir billete. Y eso lo saben los mercantes de la tele, ya que el narco produce rating express en noticias, documentales y ficci贸n. 
M茅xico es el mejor ejemplo. En la carrera por qui茅n es m谩s narco Colombia vuelve a quedar subcampeona, por debajo del pa铆s azteca. Algunas de las producciones mexicanas narco de m谩s 茅xito han sido:
·         La Reina del Sur
·         El se帽or de los cielos
·         Miss Bala
·         El Infierno
Como en Colombia, estas producciones construyen una imagen de lo narco donde las mujeres son trofeo y due帽as de una moral posmoderna del todo vale. En palabras de Yolanda Mercader, “si bien la mujer empieza a tener presencia, no puede hacer pleno uso de sus nuevas libertades. La representaci贸n de su imagen sigue siendo construida desde y para la mirada masculina”.
En Colombia, Narcos no pasa de ser un chiste de Netflix. Detr谩s est谩 toda una tradici贸n de tragicomedias narco:
·         Sin tetas no hay para铆so
·         El cartel de los sapos
·         El capo
·         Rosario Tijeras
·         Las mu帽ecas de la mafia
·         Escobar, el patr贸n del mal
·         Tres Ca铆nes
·         JJ Popeye etc.

Caracol hace negocio y tiene una franja para el narco. No hay culpa o arrepentimiento. Las narco-novelas a la colombiana triunfan porque saben hacer, actuar, potenciar nuestra est茅tica nacional a trav茅s del recurso narco: recursividad m谩gica, mucho chiste, m煤sica de despecho, baile y todas las pasiones a lo mero verriondo.  
El Cartel, Escobar y los Tres Ca铆nes gustaron porque eran una versi贸n masculina del narco. Sin tetas no hay para铆so y su secuela encantaron porque demostraron que las colombianas est谩n para dar placer a los manes. Pero Las mu帽ecas de la mafia con esos cuerpos silicona y con esa moral colombiana no gust贸, porque los narcos tienen un c贸digo: a sus mujeres ni con el p茅talo de una rosa. Ellas son lo bonito de ellos.
En Escobar, el patr贸n del mal, don Pablo se enamor贸 de la chica m谩s bella del barrio y luego “compr贸” a la m谩s bella de la tele, un trofeo que se merec铆a para demostrar su poder. Su poder era el dinero, que se hac铆a con drogas, armas, pol铆ticos y autoridad. En esta serie, Escobar exhib铆a su poder mostrando a Virginia. El sexo poco o nada import贸. Tanto as铆 que la misma Virginia Vallejo dijo (en la realidad) que Escobar era muy malo en la cama. En el formato colombiano, las mujeres son para mostrar y que todos se imaginen el sexo.
En el capitalismo tener billete es ser exitoso. El mejor ejemplo: Mr. Trump. Lo que en Estados Unidos es un exitoso nuevo rico, en Colombia se llama narco.
En Narcos de Netflix, don Pablo vive rodeado de modelos que no son para exhibir, sino para sexuar. A su fama de mat贸n, m谩gico de la ilegalidad, conquistador de adictos gringos, Netflix le agrega que es un gran polvo: un tirador que hace que cuatro o cinco bell铆simas mujeres-sexo alucinen de gozo y placer. En el formato televisivo gringo, las mujeres son sexo puro y duro y tener sexo es parte del poder. Nada sexual queda para la imaginaci贸n.
Y ah铆 empatamos con la chica de S谩bados Felices y el narco Lindolfo. El problema no es el narco, ni que se venda el cuerpo por dinero, ni el gusto. El problema son las apariencias. Lindolfo era conocido como un exitoso empresario que viv铆a en el barrio play de Medell铆n. Cuando lo arrestaron, pidi贸 un ins贸lito favor: “¿No ser谩 que podemos repetir la grabaci贸n en la que ustedes entran y me arrestan? Es que mire c贸mo me veo y yo no puedo aparecer as铆”. Y despu茅s: “Hermano, al menos d茅jeme ba帽ar y arreglar un poquito para la foto de la rese帽a judicial. A m铆 me conoce mucha gente y no puedo aparecer desarreglado”.
Muy colombiano: m谩s pendientes del qu茅 dir谩n que de la 茅tica o la legalidad. Pero Lindolfo ya estaba en la far谩ndula nacional. Su alias se explica porque el capo se cree “lindo” y est谩 obsesionado con su imagen de “hombre refinado, de buen gusto y buen vestir”. Ahora, el mundo del espect谩culo borra de redes sociales sus fotos junto a 茅l.

La pornograf铆a del billete

Producci贸n de drogas.
Producci贸n de drogas.
Foto: Pixabay
Pero no es un asunto de ilegalidad, ni es un “mal colombiano”. El narco es el capitalismo puro y duro.
En este mundo capitalista donde “tener es para mostrar”, ser poderoso sin exhibirlo no basta. El poder es un acto obsceno de visaje: mostrar es poder. Y m谩s cuando ese capital fue reci茅n adquirido. El capital puede ser el billete o la carne o la posici贸n o lo que sea. Se da por igual en pol铆ticos, abogados, corruptos, periodistas, narcos, empresarios: el poder se exhibe obscenamente, pornogr谩ficamente, o sea en exceso y extravagancia.
No es asunto de gustos o clase, sino de moral capitalista. Lo narco, como la corrupci贸n y la far谩ndula, son buenos negocios.
En el capitalismo tener billete es ser exitoso. El mejor ejemplo: Mr. Trump. Lo que en Estados Unidos es un exitoso nuevo rico, en Colombia se llama narco. Y el capitalismo ofrece dos formas de “blanqueo” o de ascenso social: el dinero o la carne bella. Las mujeres son uno de los modos m谩s comunes y colombianos de hacerlo. Y si la mujer trofeo viene del mundo del espect谩culo, del cielo celebrity, de la fama de la carne, mejor, mucho mejor
Lucas Ospina, en un brillante texto que titul贸 El matrimonio Fritanga-Ord贸帽ez analiza dos  “eventos paradigm谩ticos y reveladores” de los nuevos modos del poder en Colombia:  el matrimonio del narcotraficante Fritanga y el matrimonio de la hija del ex Procurador Ord贸帽ez. Al del narco fue toda la far谩ndula y su periodismo, al del corrupto fue toda la pol铆tica y su periodismo. Ospina lo dice claro y directo:
“Ambas piezas muestran a grupos sociales emergentes y c贸mo estos capitalizan sus cr茅ditos econ贸micos y pol铆ticos, recientemente adquiridos, para pavonearse y mostrar su nuevo estatus. Una pasarela del poder para ver y dejarse ver, una pornograf铆a del anillo y del escote, del esmoquin y del pareo, del implante y del corbat铆n, del lat铆n del misal y el perreo reguetonero.
Que no est谩 mal. Ninguno de estos elementos es perjudicial en s铆 mismo, pero todo junto asusta cuando uno lo ve en esa mancomunada euforia de pose y arribismo en la que traquetos y jueces, artistas y periodistas, testaferros y contratistas, hacen lo posible y lo imposible por estar donde est谩n. El af谩n de poder y el miedo a perderlo, es lo que se respira en el aire opresor que resuma de estos emblem谩ticos festejos.”
Y es que no es asunto de gustos o clase, sino de moral capitalista. Lo narco, como la corrupci贸n y la far谩ndula, son buenos negocios. Esto se hace m谩s evidente en los modos “mafiosos” que adopta la sociedad. El escritor italiano Roberto Saviano afirma que “hubo un tiempo en que los miembros de la mafia necesitaban a pol铆ticos para hacer contratos. Ahora los pol铆ticos necesitan a los mafiosos para obtener votos”. El modelo para hacer pol铆tica y tener poder no es, entonces, la libertad y los derechos sino el modelo de los miedos y las violencias.
Saviano tambi茅n afirma que “los carteles criminales son los 煤nicos que tienen una gran cantidad de dinero disponible para salvar a muchos empresarios que est谩n cerca de la bancarrota”. Lo pre-moderno (la moral restauradora y la lealtad mafiosa al l铆der) se al铆a con lo posmoderno (la felicidad del libre mercado) para producir Narcolombia.

Narcolombia

Imaginario idealista y superficial sobre la belleza en las mujeres.
Imaginario idealista y superficial sobre la belleza en las mujeres.
Foto: Pexeles
Lindolfo y Vaneza Pel谩ez, las narco-novelas, Fritanga o el ex Procurador Ord贸帽ez ponen en evidencia lo que es querer y poder en Colombia.
¿Por qu茅 actuamos y hacemos tan bien lo narco? Porque definitivamente somos as铆: todos llevamos un narco en el coraz贸n. Nuestras mujeres nacionales saben que en su cuerpo y sexo est谩 el 茅xito y, entonces, han decidido que no hay por qu茅 tener reparos 茅ticos, ni morales, ni de ning煤n otro tipo. Ser bella y sexy y putona es todo lo que se necesita.
Y del lado masculino solo nos queda como posibilidad del 茅xito tener billete a las que sea, comprar la ley, comprar a las mujeres, comprar las historias de la tele, hacernos querer a la fuerza porque no tenemos otros atributos para hacerlo.
Solo nos queda preguntarnos si nos gusta ser as铆.
*Director de Maestr铆a en Periodismo de la Universidad de los Andes y del proyecto de investigaci贸n NarColombia. 
orincon61@hotmail.com