Fuentes: Rebeli贸n
Los recibimos con papagayos de espl茅ndidos colores y ellos nos mostraron el filo de su espada. Les ofrecimos nuestra desnudez y ellos usaron el l谩tigo. Ellos son los hombres que amontonan piedras, el oro que brota como lo hacen las trufas en la tierra h煤meda, el oro que se fecundaba todos los d铆as con el alba, porque es el sol que no se oculta y que hoy yace fundido y encerrado en sombr铆as b贸vedas. La tierra ha quedado vac铆a y oscura; su luz est谩 cautiva en los bancos.
Somos hijos de la violaci贸n y el destierro, somos mitad jaguar que acecha sigiloso entre las hojas, y mitad venado que sacude tr茅mulo sus orejas en todas las direcciones. La profec铆a estaba escrita; a este continente, llegar铆an el tirano y las barbas penitenciarias que hab铆an inventado la espada y el perd贸n. Incontables hogueras se encendieron aqu铆, nutridas por el fuego de los libros escritos en papel de amate, un humo con letras incineradas recorri贸 el continente. El testimonio fue devorado por las llamas delirantes de la embriaguez apost贸lica; m谩s de trescientos libros mayas que eran incomprensibles para ilustrados europeos, tratados de matem谩ticas y ciencias de nuestros pueblos, fueron se帽alados por el Auto De Fe de Man铆 como obras del diablo, y consecuentemente calcinados.
Pero nunca se disip贸 el rastro, los c贸dices se perpetuaron labrados en la roca o tallados en estuco, pintados en murales inmortales, en cer谩mica encubierta, en vestimentas y pir谩mides de escalones infinitos en Teotihuacan, o en las efigies vigilantes de Tiahuanaco, en la ciudad de piedras 铆gneas y quenas de los Andes, en Nazca o en los milenarios rostros de San Agust铆n. Pero el rastro, no solo est谩 en las bases piramidales, sino en los pueblos y su sudor inteligente.
Los conquistadores quer铆an llevarse todo, y no se llevaron nada, porque los rescoldos de todo est谩n ac谩, ahora mismo, enfurecidos y naturales, el oro reclama volver a la tierra de donde fue usurpado, a las manos que lo emancipaban en poporos.
Cuando llegaron los conquistadores espa帽oles llegaron a territorio Muisca, Tisquesusa orden贸; “suj茅talos presos hasta aqu铆”. En otras latitudes, Caonabo y Gunacar铆 comenzaron a tejer esa mochila continental que tiene forma de espiral, demarcaron la senda de un pueblo que se niega a morir; Tecum-Uman, Lautaro, Zumbi, Anacaona. Fueron convertidos en 谩rboles milenarios o piedra en el camino de una sociedad de verdugos edificada con la sangre de los que nunca han soportado ser esclavos; se dice que cuando Tecum-Uman cay贸 muerto en manos de Alvarado, tambi茅n cay贸 un 谩guila y un Quetzal; “Esclavos de nuestros suelos, solo nos queda morir, mas la esperanza no muere, volveremos a vivir”. Miles de hombres, mujeres y ni帽os de Am茅rica entera bajaron de las monta帽as; “somos m谩s que ellos y los podemos derrotar”, insist铆a Caupolic谩n mientras hablaba a otros caciques ind铆genas buscando la uni贸n de sus pueblos contra el invasor. El inca tambi茅n resisti贸 y se dej贸 o铆r: “Ladr贸n, como zorro; como tortuga, cobarde. No es valor pelear ocultando el cuerpo. Descubre tu pecho y entonces veremos qu茅 alma templ贸 mejor el sol”. Mucho m谩s al norte Cuauhtemoc organiza un gran ej茅rcito que saca a los espa帽oles de su territorio, en contra de los deseos de Moctezuma especialmente servil con los europeos.
Hoy los invasores han perfeccionado sus m茅todos y pervertido la ciencia y la t茅cnica para expropiar y privatizar los genes “descubiertos” y decodificados, las plantas, los animales, el aire y el agua. Asistimos a la privatizaci贸n del planeta, convertida en una esf茅rica c谩rcel en la que se expolia todo, incluso el esp铆ritu.
Las proclamas hoy mismo se escuchan en el Cauca, en el territorio Nasa, Embera, Zen煤, m谩s al Sur la tierra kichwa, el territorio Aymar谩, los mapuches en el delgado Chile, dando el aviso de emerger nuevamente para liberar la tierra profanada por el real y el d贸lar. El dios iracundo de los europeos, es el mismo dios del imperio, de la acumulaci贸n y el hast铆o, la religi贸n de los pueblos americanos en cambio, como lo dijera el cacique Noah Sealth; “… consiste en las tradiciones de nuestros antecesores y en el sue帽o de nuestros ancianos”.
El Grito es la fuerza de las gargantas, mulatas, mestizas, zambas, negras, blancas, amarillas y rojas. La voz de Anacaona y la de Agueybana, Guaicaipuro y Tupac-Amar煤; es la voz de la especie humana, porque como afirma el pensamiento nasa: “La palabra sin acci贸n es vac铆a, la acci贸n sin palabra es ciega, la palabra y la acci贸n por fuera del esp铆ritu de la comunidad son la muerte”.
Hay que recuperar el orden porque est谩 en peligro la especie. Los invasores espa帽oles, nada nos dejaron a no ser la s铆filis incubada en las c谩rceles y palacios de Castilla, una religi贸n opi谩cea y genocida, enajenada y esclava, un tiempo diferente y opresor, un ciclo hist贸rico bautizado por la muerte, nos dejaron tambi茅n la cruz que es espada, y que hoy continua por todo el planeta bendiciendo antes de matar.
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Notas
Kintto Lucas. Rebeliones ind铆genas y negras en Am茅rica Latina. Quincenario Tintaj铆 2004.
Oros Viejos. Herminio Almendros. ED. Gente Nueva. La Habana. 1974.
Textos abor铆genes. Versi贸n de Jorge Zalamea.
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