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La olvidada lengua ind铆gena que volvi贸 a existir

Son 12 las lenguas que el Mincultura considera en situaci贸n cr铆tica de extinci贸n. Entre ellas est谩 la chimila, mejor llamada “ette” por el antrop贸logo Juan Camilo Ni帽o, porque luego de m谩s de 12 a帽os de visitar por largas temporadas a los cerca de 1.500 ind铆genas de esta comunidad, en las sabanas de San 脕ngel, al suroccidente de la Sierra Nevada de Santa Marta, ya habla con ellos en ette, conoce sus familias, sus costumbres, sus h谩bitos alimentarios y la manera como se entretienen.

Su nuevo aporte a la antropolog铆a del pa铆s es que ahora presenta un documento de 732 p谩ginas con casi 5.000 lemas o palabras en lengua ette, y m谩s de 15.000 significados. Es un trabajo que empez贸 hace unos 150 a帽os por intelectuales como Jorge Isaacs, autor de Mar铆a, que Ni帽o logr贸 terminar en sus estudios de maestr铆a en la U. de los Andes y de doctorado en antropolog铆a social y etnolog铆a en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de Par铆s.
Y aunque Ette taarakakka est谩 “lejos de ser un diccionario completo”, dice su autor, “es un primer paso para asegurar el futuro de la lengua”, lo que significa crear las condiciones necesarias para que la comunidad pueda hablarla, cuente con un territorio y con las facilidades de una educaci贸n que la perpet煤e: “Es asegurar la vida de los hablantes”.
El trabajo no ha sido f谩cil porque, a diferencia de muchas de las 65 lenguas que se hablan en Colombia, la ette hasta ahora empieza a establecer su alfabeto. “La gente que la habla no sabe escribirla porque nunca lo hicieron”, explica. La lengua se ha mantenido en secreto y por eso, cuando el investigador lleg贸 por primera vez a los resguardos donde habitan desde la d茅cada de los a帽os ochenta, hab铆a un poco de resistencia a conversar con 茅l.
Eso, en cierto modo, se explica porque de ser un grupo importante, los ettes fueron derrotados militarmente por los espa帽oles; se escondieron en la selva, que fue despu茅s colonizada por ganaderos y petroleras, y resolvieron entonces mimetizarse entre la poblaci贸n campesina y trabajar como jornaleros. As铆 dejaron de hablarla. A eso se a帽ade que la fonolog铆a no se parece al espa帽ol y, cuando se empieza a profundizar en su estructura, encuentra que no se define por elementos como verbos, sustantivos o frases. “En esta lengua ese l茅xico no existe: no pod铆a preguntar c贸mo se conjuga una palabra”, dice.
La obra, que en su introducci贸n narra ampliamente la historia y la vida actual de la gente nueva -ette takke- y verdadera -ette ennaka-, y profundiza hasta en los m谩s m铆nimos detalles en el uso de las vocales y las consonantes, presenta el diccionario ette-espa帽ol y espa帽ol-ette con muchas k y w, con ilustraciones de las palabras m谩s significativas, as铆 como un diccionario con mil registros de animales y plantas.
La paciencia del antrop贸logo
El origen del diccionario son los cuadernos de apuntes de Ni帽o, siempre a la mano para anotar palabras y datos precisos que de otra manera olvidar铆a. Luego, a la luz de una linterna o bien madrugado, sistematizaba y ordenaba para ir armando el rompecabezas de la lengua ette. Al principio vivi贸 con una familia, que le ayud贸 a construir su propia casa de techo de palma y piso de tierra.
“Fue una especie de estudio bastante agradable”, cuenta, en el que ten铆a recipientes con medicamentos, linternas, cargadores solares, libros, ropa y sus libretas. Ni cocina ni ba帽o. Con la casa vecina ten铆a un trato para su alimentaci贸n y con la selva un trato para su aseo.
De 5 de la ma帽ana a 5 de la tarde aprovechaba para hacer todo porque hab铆a sol. “Unos d铆as me dedicaba a trabajar lengua y me sentaba a conversar con alguien; otros hac铆a censos de poblaci贸n, viajaba por todos los resguardos recogiendo informaci贸n sobre las unidades dom茅sticas; otros entraba a la selva a tomar muestras bot谩nicas para conocer su forma de ver la naturaleza; otros simplemente descansaba en una hamaca”.
Tambi茅n los ayud贸 a recoger ma铆z o agua, y aprendi贸 a preparar chicha, mientras conversaba con las mujeres encargadas de producirla. O simplemente paseaba con ellos. “Siempre anotaba en mi cuaderno cualquier palabra nuevaque oyera y Aunque pude dar con el significado de la mayor铆a, a煤n hoy hay palabras que no he comprendido bien y, por lo tanto, no est谩n en la obra”.
Esta cotidianidad le abri贸 nuevos horizontes. Ahora ve al pa铆s con otro lente, porque lo puso en contacto con realidades que no imaginaba que existieran, aunque ten铆a a su disposici贸n la gran biblioteca de su abuelo y escuch贸 de 茅l historias sobre la geograf铆a del pa铆s, que hab铆a recorrido siendo general de la Rep煤blica.
Los ettes “no le prestan atenci贸n a lo material y eso me cambi贸 la vida”, dice este antrop贸logo que no usa celular. “Qued贸 una gran amistad con muchos. Espero que en los pr贸ximos a帽os pueda darles m谩s a ellos de lo que ellos me dieron a m铆”.
Mitos y leyendas ettes
S贸lo us贸 grabadora cuando sab铆a que le contar铆an historias largas; fue descubriendo que esos ancianos y sabedores utilizaban un lenguaje m谩s sofisticado cuando se sentaban a contar sobre sus mitos. “Se ha negado sistem谩ticamente que los ettes tuvieran mitos y me sorprendi贸 que tuvieran tantas historias. Son cuentos sencillos con significados muy profundos”, dice Ni帽o.
Lo que pasa es que su manera de ver el mundo es diferente: por ejemplo, la creaci贸n no existe para ellos, sino m谩s bien el concepto de transformaci贸n: el mundo siempre ha existido, pero est谩 en permanente transformaci贸n.
“Ellos creen que el mundo se destruye y se recrea cada cierto tiempo. Piensan que son un pueblo muy joven y sus abuelos fueron los primeros habitantes de la poblaci贸n de hoy”, explica.
En cuanto a su relaci贸n con la naturaleza, los ettes creen que los seres humanos se transforman en animales, y en ese sentido las historias de cacer铆a hablan sobre su respeto a ellos, “porque cuando cazan y se comen el animal hay miedo de cometer canibalismo”.
En otras historias que Ni帽o llama las grandes sagas de aventuras, son aquellas en las que j贸venes ettes viajan al cosmos y cuentan historias de sus visitas a la casa de las estrellas, del sol, de las pl茅yades, o atraviesan un cielo habitado por gallinazos.
El reconocimiento
Si bien los ettes son poco conocidos, el trabajo de Ni帽o no es el primero. En su publicaci贸n Estudio sobre las tribus ind铆genas del Magdalena, Jorge Isaacs anex贸 su trabajo Muestra de lenguaje de la tribu chimila, que escribi贸 mientras recorr铆a la regi贸n norte del pa铆s en un bote, que llam贸 C谩scara de Nuez, cuando se le encomend贸 realizar misiones geogr谩ficas a principios de 1880. El padre Rafael Celed贸n y los antrop贸logos Gerardo Reichel-Dolmatoff y Mar铆a Trillos Amaya tambi茅n aportaron para descifrar la lengua ette.
Su profesor y hoy colega Carl Langebaek lo define como “un destacado investigador sobre una amplia diversidad de temas ind铆genas”. Y agrega: “Un valor especial del trabajo de Juan Camilo es que recupera la tradici贸n etnogr谩fica y etnol贸gica en cierta medida abandonada, ayudando a recuperar tradiciones y patrimonio de gran importancia”.
Mientras a Jorge Isaacs lo trataron de darwinista y jud铆o por su publicaci贸n, de acuerdo con el antrop贸logo e historiador Jos茅 Eduardo Rueda Enciso, a Juan Camilo Ni帽o el Ministerio de Cultura lo premi贸 con el Reconocimiento al Fortalecimiento de las Lenguas Ind铆genas en Riesgo de Colombia, por su aporte e inter茅s en la diversidad ling眉铆stica del pa铆s y en la preservaci贸n de aquellas lenguas en riesgo. “El valor de todo este trabajo es evidente”, dice Ni帽o, “si se tiene presente que la lengua ette corre el peligro de desaparecer y, con ella, una manera sumamente original y compleja e interesante de concebir y habitar el mundo”.
Los ettes est谩n ansiosos por empezar a trabajar en sus escuelas con Ette taarakakka, especialmente el grupo de trabajo que conform贸 Ni帽o integrado por tres ancianos y un joven profesor: Rafael Mendinueta Duutitu’, de 60 a帽os, h谩bil en ette y espa帽ol; Luisa Granados Dii帽ato, de 70, c茅lebre por sus facultades oratorias; Samuel Granados Kraanti, de 60 y comprometido con el fomento de la lengua, y Narciso Puello, un hombre joven, h谩bil en la escritura del ette y director del 谩rea de lengua materna en la instituci贸n educativa del resguardo.
El reto lo tiene claro: “Tenemos que hacer una gran biblioteca no solamente de diccionarios, sino de gram谩ticas, de compilaci贸n de mitolog铆as de todas las lenguas ind铆genas. Si no nos apuramos habr谩 consecuencias en un futuro”, remata Ni帽o. “Si (las lenguas) no se escriben, no perduran”.