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El Estado no reconoci贸 el genocidio contra la UP

Marcha de la Uni贸n Patri贸tica en Bogot谩. Foto archivo


En la recta final del caso Uni贸n Patri贸tica vs. Colombia en el Sistema Interamericano de Protecci贸n de los Derechos Humanos, SIDH, sobrevivientes, familiares y militantes responsabilizaron al Estado por la persecuci贸n que sufri贸 el movimiento pol铆tico. La vergonzosa respuesta de la contraparte fue el negacionismo


El d铆a esperado lleg贸. Despu茅s de tres d茅cadas de denuncia, recolecci贸n de informaci贸n, de buscar respuestas en todas las instancias de la justica local y de una lucha desigual por mantenerse en el escenario de la pol铆tica, los sobrevivientes y v铆ctimas del genocidio contra la UP se sentaron ante los magistrados del tribunal de justicia m谩s influyente en el continente, la Corte Interamericana de Derechos Humanos para reclamar verdad, justicia y reparaci贸n.


La virtualidad por efecto de la pandemia reemplaz贸 la presencia de las voceras de las v铆ctimas, los abogados y abogadas defensores de derechos humanos en la sede del tribunal en San Jos茅 de Costa Rica, como es tradicional. Sin embargo, no fue 贸bice para escuchar los contundentes argumentos y relatos de las v铆ctimas representadas por la Corporaci贸n Reiniciar y otras organizaciones defensoras de derechos humanos que fueron reconocidas en el pleito internacional, que le dieron un contexto m谩s amplio al tribunal que definir谩 la condena en contra del Estado.

La contraparte fue liderada por el director de la Agencia Nacional de Defensa Jur铆dica del Estado, el pol铆tico conservador Camilo G贸mez y los abogados designados para el caso, que en la primera jornada negaron la sistematicidad de los hechos, desconocieron a las v铆ctimas, insinuaron dudas sobre los testimonios de estas que reposan en el proceso y negaron las pretensiones reparadoras que elevar谩 Reiniciar desde los or铆genes del pleito en la Comisi贸n Interamericana de Derechos Humanos, CIDH.


La voz de la senadora por la Uni贸n Patri贸tica A铆da Avella fue escuchada como una de las representantes de las m谩s de tres mil v铆ctimas reconocidas por la CIDH. Inici贸 su relato con el nacimiento del movimiento como alternativa: “En 1986 nos convertimos en el tercer partido pol铆tico en Colombia, ganamos elecciones y por eso nos dispararon”.

En su testimonio se demostr贸 la sistematicidad de los actos violentos y la barbarie vivida, se帽al贸 que los asesinatos y las masacres preced铆an de amenazas constantes e incluso con operaciones militares sofisticadas como la infiltraci贸n de militares como trabajadores en una finca para masacrar una familia cuyos miembros militaban en la UP. Los relatos trajeron a la memoria los nombres de una generaci贸n excepcional de pol铆ticos formados para actuar en democracia.

Negacionismo estatal

Justamente el caso de la UP fue considerado por la Corte como emblem谩tico por contener violaciones a los derechos humanos fruto de la persecuci贸n pol铆tica en tiempos de “democracia”. Por otra parte, es la 煤nica vez que un Estado que ha sido calificado como responsable de violaciones de derechos humanos no acepta y lleva el caso hasta la 煤ltima instancia.

La estrategia de defensa por parte de Colombia ha sido una sola desde que la Corporaci贸n Reiniciar present贸 el caso en 1998 al Sistema Interamericano, primero en la Comisi贸n y ahora en la Corte: negar las pretensiones de la parte demandante, negar el genocidio como una pr谩ctica del Estado y negar a las v铆ctimas y los sobrevivientes.

La Comisi贸n en pronunciamiento del a帽o 2017 se帽al贸 al pa铆s como responsable por acci贸n, omisi贸n y complicidad. Sin embargo, la Agencia Jur铆dica del Estado insisti贸 en la audiencia del pasado 8 de febrero que no reconoce al universo de v铆ctimas y que registra apenas 229 que podr铆an ser reconocidas en la Ley 1148 de 2011, conocida como Ley de V铆ctimas. Una posici贸n que la Uni贸n Patri贸tica rechaza de plano.

El informe de la CIDH

En el fallo de 2017, los comisionados se帽alaron entre otras cosas que se conoc铆a la existencia de planes de exterminio en contra de los miembros de la UP, el plan “Golpe de Gracia” que abarcaba la destrucci贸n f铆sica y el desprestigio pol铆tico de los sobrevivientes, de forma que cualquier atentado contra sus vidas pudiera justificarse p煤blicamente, as铆 como el “Plan Retorno”, concebido como una estrategia de exterminio en la regi贸n de Urab谩 para recuperar por la fuerza el poder pol铆tico para los partidos tradicionales en esa regi贸n.

Pero no solo los planes de eliminaci贸n exist铆an. Para la Comisi贸n parte del desprestigio de los integrantes y militantes de la UP se logr贸 mediante el uso indebido del derecho penal, que implicaba privarlos de libertad en instalaciones militares en donde eran objeto de torturas para lograr confesiones falsas y someterlos a procesos penales infundados por delitos como “rebeli贸n”, “homicidio” o “terrorismo” en casos en los que los fiscales y jueces eran “secretos” y se incorporaban medios de prueba falsos, entre otras violaciones a las garant铆as m铆nimas.

Es el caso conocido como La Chinita donde se persigui贸 judicialmente a la dirigencia y militancia de la Uni贸n Patri贸tica, y que recientemente produjo la condena al Estado y la obligaci贸n de reparar a las v铆ctimas que en algunos casos estuvieron privados de su libertad por d茅cadas.

El mismo Estado se帽al贸 que la Uni贸n Patri贸tica era percibida socialmente como “el brazo pol铆tico de las FARC” y que esto condujo a alianzas entre actores armados y delincuenciales, lo cual demuestra que ten铆a conocimiento de la situaci贸n de riesgo en que se encontraban, sin embargo, no adopt贸 medidas efectivas para proteger a sus integrantes y parar el exterminio, sino que, por el contrario, en muchas ocasiones alent贸, promovi贸 o ejecut贸 los ataques en contra del movimiento pol铆tico.

Genocidio continuado y extendido

Otro de los relatos llevados a la Corte fue el de Mar铆a Eugenia Guzm谩n, compa帽era sentimental del dirigente Jos茅 Antequera y quien relat贸 los dif铆ciles momentos de persecuci贸n vividos previos al asesinato de “Pepe”, como era conocido el dirigente comunista, y las consecuencias posteriores del mismo: “Ten铆amos temor de salir todos los d铆as a la calle, eran situaciones que ten铆an como objetivo romper el alma y la mente por la condici贸n pol铆tica que nos daba juntarnos en la UP”.

Al respecto se帽al贸 la Comisi贸n: “En un grupo importante de casos, la Comisi贸n identifica que las amenazas continuaron, tanto de manera inmediata como prolongada. As铆, en varios casos se perpetraron actos de amenaza, intimidaci贸n y hostigamiento atribuidos a agentes estatales en el contexto de los propios sepelios de las v铆ctimas en los cuales incluso se denuncia que se interrogaba a los miembros de las familias sobre su pertenencia o v铆nculo con la Uni贸n Patri贸tica. En otros casos, las amenazas continuaron posteriormente frente a miembros sobrevivientes de las familias que, o bien fueron testigos de los hechos, o bien los denunciaron”.

“Confirmamos y corroborarnos el trabajo de 25 a帽os, ya el caso est谩 instruido y hay un precedente que es el informe de la Comisi贸n del a帽o 2017. Partimos de la idea que el Estado colombiano no quiso reparar ni acatar las recomendaciones de la Comisi贸n y por eso lleg贸 el caso a la Corte. Aqu铆 se ratifican las pruebas, los alegatos. La impunidad sigue igual”, se帽al贸 Jahel Quiroga, directora ejecutiva de Reiniciar.
Marcha de la Uni贸n Patri贸tica en Bogot谩. Foto archivo

Por su parte, el Partido Comunista Colombiano, fuerza pol铆tica central de la Uni贸n Patri贸tica y que llev贸 a cuestas la mayor parte de las v铆ctimas del genocidio, calific贸 la audiencia como trascendental en la resistencia y en la lucha de las v铆ctimas frente al genocidio pol铆tico continuado y extendido.


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